Menu

PARA IRENE, MI MADRE.

Por: Gilberto González Colorado. 10/04/2017 

ME DISTE TU POSTRER ADIÓS BAJO EL CALOR

Y LA PASIÓN DE UNA SEMANA SANTA,

Y TODO AQUEL ESPACIO SE LLENÓ DE

INCIENSO; DE REZOS, SALMOS Y ORACIONES.

 

Y EN EL COLOR DE AQUELLA FLOR

QUE SACRALIZA EL DOLOR EN CADA SEMANA SANTA,

IMPREGNASTE EN ÉL TU AMOR

Y LA FRAGANCIA ETÉREA DE TUS BENDICIONES,

LAS QUE ESPARCIDAS EN CADA FLORACIÓN,

SE POSAN EN MI ALMA Y CORAZÓN,

UNA POR UNA, EN CADA JACARANDA.

 

FUE EN UN DIEZ DE ABRIL CUANDO PARTISTE,

CUANDO MI MANO VACILÓ AL CERRAR TUS OJOS.

CUANDO MI VOZ EN VANO SUPLICÓ,

PERO AL NO ESCUCHARME TÚ,

NO RESPONDISTE,

Y ANTE TI, MADRE, ME POSTRÉ Y

LLORÉ DE HINOJOS.

Y ALLÍ TE DIJE “ADIOS” CUANDO

AL FINAL DE TU CAMINO

LA CITA FUE PUNTUAL CON TU DESTINO,

IMPLACABLE, INEXORABLE, Y TÚ PARTISTE.

 

RADIANTE DE GLORIA, TE ELEVASTE AL CIELO,

A RENDIR CUENTAS A DIOS,

CON LA SERENIDAD FIJA EN TU ROSTRO.

ESA ES LA IMAGEN QUE DE TI GUARDO CON CELO

CUAL BÁLSAMO DE LUZ QUE ES MI CONSUELO

CUANDO EN MOMENTOS DE AFLICCIÓN

Y DE DOLOR, SIN ASIDERO,

LLEGAN PRESTAS HASTA MI, COMO EN VOLANDAS,

UNA VEZ MÁS TUS SANTAS BENDICIONES

BAÑADAS EN EL OLOR DE FASTUOSAS JACARANDAS.

reporte

Anuarios de artículos publicados

banner
banner

Suscríbete a nuestro Boletin

Introduce tu correo electrónico para suscribirte y recibir notificaciones de nuevas noticias.

denuncia