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Mientras todos miramos a Cataluña, donde se está armando una rebelión ciudadana es en Murcia.

Por: Esther Miguel Trula. La Pluma. 11/10/2017

Es cierto, los medios estamos últimamente muy despistados con esa parte de la actualidad que coquetea con la disolución de España. Pero gastando todos nuestros recursos en el procéso le estamos robando injustamente atención a una de las movilizaciones vecinales más importantes de la historia de nuestro país. Uno de cada ocho murcianos está saliendo desde hace tres semanas a las calles día sí día también para protestar contra una medida que va a afectar a su vida comunal para siempre. Parece ser que en Murcia nadie quiere separarse.

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Los han llamado El Muro y así lo recordado apropiándose de la canción de Pink Floyd que cientos, miles de músicos y ciudadanos han cantado durante todas estas jornadas (que, por cierto, al igual que en Cataluña no han estado exentos de cargas policiales).

Se están levantando unas tapias de varios metros de alto y 9 kilómetros de largo paralelamente a la línea ferroviaria de la ciudad y que supondrán un trauma diario que, de facto, supone casi la pérdida de Ronda del Sur y buena parte de pedanías. Pero vamos al detalle.

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Murcia, una ciudad con unas arterias ya de por sí deterioradas

La situación es la que sigue: Murcia lleva más de 30 años viviendo con infraestructuras del siglo XIX, las más obsoletas de toda España. Esto hace que provincia y ciudad estén bastante incomunicadas tanto de cara al exterior como interior.

Al mismo tiempo, en el sur de la ciudad (una de las mitades divididas por las vías) hay un par de núcleos de población importantes. Se conocen como Ronda y El Carmen y en ellas reside gente mayor, nuevos compradores a los que se convenció del potencial de la zona (“hay planes firmes para soterrar el tren”, les decían con el proyecto del PGOU 2006-2009 en mano) y, por lo general, de renta modesta. Apenas un puñado de pasos de nivel facilitan el paso entre estas zonas y el centro de la capital.

Peor aún será para las pedanías, los municipios periféricos de la capital y en los que vive mucha gente acercándose al centro a trabajar cada día. Las organizaciones opositoras cifran en 200.000 personas la masa poblacional que quedará directamente incomunicada por culpa de las obras de un censo municipal de 400.000 personas.

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Plataformas como El Tren Fuera de Alcantarilla, AVE soterrado y Plataforma Pro Soterramiento llevan años denunciando cómo miles de residentes están marginalizados, con unos accesos al centro bastante precarios. Quieren un soterramiento.

Los políticos han prometido durante todos estos años atender a ambas demandas, comprometiéndose tanto a actualizar el sistema de comunicaciones como a crear un soterramiento de las vías que ayude a oxigenar la ciudad, ampliar el espacio urbano y facilitar el paso a los residentes del sur. Es un proyecto costoso (como lo ha sido para Langreo o Alicante), pero le daría mucha calidad de vida a los residentes y pondría a Murcia a nivel urbanístico en el siglo XXI.

Por supuesto, una cosa es proponer desde la oposición y otra entrar a la presidencia y tener que hacer encaje de presupuestos.

Vender a los barrios a cambio de llegar a Madrid en dos horas y media

Aquí es cuando entra la llegada del AVE, prometido desde 2006 pero que ha cambiado ahora en sus planteamientos sustancialmente con respecto al plan inicial: antes los planes dictaban que sin soterramiento no se instalaría el AVE; ahora el cubrimiento se supedita a las posibilidades presupuestarias posteriores a la construcción del tren de alta velocidad. Pese a todo, ponerle el AVE con Madrid a una de las ciudades peor comunicadas de España de cara a su inauguración en 2018 es, políticamente, algo muy goloso.

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Desde Adif y el Ministerio de Fomento aseguran que las medidas del famoso muro son provisionales mientras se completa el soterramiento de las vías. Afirman que necesitan dividir ahora para poder conectar el sur en el futuro y que no hay alternativa posible, ya que mantener abiertos los pasos a nivel de Santiago el Mayor y Senda de Los Garres (esos por los que cruza la gente a pie) cuando esté instalado el AVE entrañaría “un riesgo inaceptable” para la seguridad.

También prometen que las vías no se cerrarán hasta que se instale una pasarela peatonal que vaya por encima de las vías. Los murcianos prevén, en ese caso, un colapso importante: hablan de un puente de apenas unas decenas de metros de ancho para que transiten por él miles de habitantes cada día.

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Así que no, en la práctica la Murcia sureña quedaría muy incomunicada. Será grave para los ciudadanos corrientes, pero para los discapacitados y ancianos la medida caerá como una sentencia de encierro total. Mientras tanto todos los grupos parlamentarios de la oposición han intentado llevar al pleno medidas para paralizar el muro. Han propuesto que el AVE llegue inicialmente hasta la estación de Beniel, lejos del centro, mientras que se llevan a cabo las obras del soterramiento para que posteriormente lleguen al Carmen, pero, aunque esto se ha aprobado hay dudas sobre qué va a suceder al respecto.

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En cualquier caso los murcianos ya no se fían, y con razón. Da igual que el soterramiento esté reflejado en los Presupuestos Generales de 2018 porque llevaban años hablando de este proyecto y, a fin de cuentas, cuando se instale el AVE superficial van a existir aún menos motivos para taparlo. Los planes prevén que durante un mínimo de tres años el sur de la ciudad va a quedar aislado, pero podría ser mucho más tiempo, si no acaba siendo una medida permanente. Ambas opciones destruirán la vida de esos barrios y empobrecerán a sus gentes.

Nadie contaba con el alzamiento popular murcian.

Y de ahí a las escenas como las que se han ido viendo sucesivamente estas semanas. 5.000, 10.000 y hasta 50.000, según cifras de los convocantes, ciudadanos que han salido a llenar la Gran Vía o las zonas circundantes del muro para gritar “Ballesta, el muro en tu puerta”, “La gente por arriba, el tren por abajo o “que no, que no, que no queremos muro”.

Actos llenos de movimiento, desde jóvenes a ancianos hasta familias con niños, con grupos de diversas plataformas y signos políticos, tambores y pitidos y alguna que otra acampada a lo largo de los puntos más sensibles de las vías. Una imagen de rechazo transversal por la ciudadanía.Capture_Lola_Sanchez

Nada de eso ha impedido que también se hayan producido escenas de represión por parte de la Policía Nacional que han reducido las protestas a golpe de porrazo si era necesario, especialmente en las ocupaciones y reyertas de las vías del pasado 14 y 16 de septiembre junto al paso a nivel de Santiago el Mayor, un lugar simbólico para el movimiento que desde hace tres décadas elige ese punto para las concentraciones en las que recuerda sus reivindicaciones.

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En la madrugada de ayer, además, algunos grupos han tumbado la parte que tenían ya construida del muro.

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El problema es que la sociedad murciana está cada vez más movilizada contra el proyecto del AVE en superficie y es muy probable que, dado el nivel de la protesta, el Gobierno en el poder sea consciente del nivel de desgaste político que va a suponer tanto seguir con sus planes como suprimir las críticas a la fuerza.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ.

Fotografía: La Pluma

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