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Marichuy, la candidata indígena a la presidencia de México que venció el ‘trauma’ a los reflectores.

Por: Laura Castellanos. VICE. 01/02/2018

Esta mujer de origen nahua y conocimientos de medicina tradicional, reconoce que le ha costado trabajo la exposición pública, pero la mueve la esperanza de fortalecer una red nacional de luchas contra el despojo territorial.

Cuando a María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, le dijeron que había sido seleccionada como vocera y aspirante a la candidatura presidencial por parte del Congreso Nacional Indígena (CNI) —el frente de luchas en defensa del territorio más grande de México—, se negó a creerlo, pues no le gusta estar bajo los reflectores de la atención pública.

“Es broma ¡¿No?!”, exclamó la luchadora social ante integrantes de la asamblea del CNI realizada en San Cristóbal, Chiapas, el 27 de mayo pasado. Pero no, no era broma: la habían elegido 1.482 concejales del país tras un proceso de consulta comunitaria que duró medio año. En la conferencia de prensa del anuncio la vi tensa, abrumada. Sin ella pedirlo, la colectividad la convertía en la primera candidata indígena a la presidencia en la historia de México.

La mañana de este dos de enero refresca y la sanadora de medicina herbolaria relata la anécdota entre risas, sentada en una banca del patio trasero de su consultorio en Tuxpan, Jalisco, al Occidente de la capital mexicana. A su espalda hay una cartulina con letra escrita a mano que instruye: la hoja de aguacate sirve para el golpe muscular, el gordolobo para la tos, la semilla de caballo para el empacho.

Durante la charla Marichuy está relajada, por momentos risueña. No luce seria, como en ocasiones aparece en las fotografías. En el trayecto de su campaña ha ido venciendo su turbación al lidiar con la prensa y las cámaras. Además está en su pueblo, en sus dominios. Estamos en una breve pausa de su gira nacional en pos de la recolección de las 866.593 firmas que requiere reunir en 17 entidades federativas, pues solo así podrá ser incluida en la boleta de la contienda presidencial del próximo 1 de julio.

Momentos después vamos a su casa, aledaña a su consultorio, para hacerle un retrato. Ella posa con una sonrisa plena delante de una réplica de la Virgen de Guadalupe. Al momento en el que el fotógrafo la enfoca, el gesto desaparece.

—¿Por qué dejó de sonreír ante la cámara? —le inquiero.

—¡No es fácil! —responde.

Marichuy en su casa de Tuxpan durante la entrevista con VICE News. Foto por Heriberto Paredes.

Marichuy lanza una mirada a una fotografía en blanco y negro enmarcada en una de las paredes. Ahí está ella, lanzando un discurso desde la tribuna al pleno del Congreso de la Unión en el año 2001. Acudió en representación del CNI, acompañando a la comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en la sesión legendaria en la que demandaron la aprobación de la iniciativa de ley de la autonomía indígena, que no transgrede la soberanía del país, conocida como Los Acuerdos de San Andrés.

—Para mí fue un poco traumático —se sincera sobre su intervención. Los discursos fueron transmitidos en vivo por televisión. La ley se había elaborado en un proceso de discusión de dos años con la intervención de todos los partidos políticos. Finalmente estos la rechazaron, lo que ha posibilitado la posterior destrucción y el despojo del territorio y los recursos indígenas.

Diecisiete años después del rechazo de Los Acuerdos de San Andrés, Marichuy es la líder que advierte sobre la devastación nacional y el riesgo de extinción de las etnias a costa de los mega proyectos. En ambos casos la médica tradicional hizo a un lado su “trauma” escénico y asumió la encomienda del CNI. Esta vez dejó su Casa de Salud, a sus tres hijos, su pueblo al sur de Jalisco, y vivió el desafío. Es así que desde octubre del año pasado ha pronunciado discursos en comunidades y ciudades de 15 estados del país y en la capital mexicana, y ha otorgado decenas de entrevistas periodísticas.

La ‘sonajera’ nahua

La noche friolenta del dos de diciembre del año pasado Marichuy visitó Tuxpan, como parte de su recorrido nacional. La recibieron alrededor de 200 personas, pocas en comparación con la asistencia de cientos o miles que ha registrado en los encuentros de su gira.

“Nadie es profeta en su tierra”, me dijo una de las asistentes al acto, la doctora María Elena Cortés.

Marichuy nació en Tuxpan hace 54 años, en una familia campesina en la que creció con diez hermanos. Ella tiene sangre nahua, una de las 68 etnias indígenas del país. En el evento la mujer vistió su traje originario: una blusa tejida en telar llamada jolotón, adornada con un collar de hilos de chaquira roja, una falda oscura de lana, y coronó su cabeza con un maxtahui: una entretejedura de extensiones de lana blancas y negras.

El programa incluyó a un grupo infantil de la tradición de danzantes locales llamada “Sonajeros”. Es una danza de raíces guerreras prehispánicas en la que los bailarines marcan sus pasos marcialmente, acompañados del sonido de la sonaja que llevan en la mano. Tuxpan es conocido en la región como “El pueblo de la fiesta eterna”, por la diversidad de festividades que celebran en el año, resultado de su sincretismo católico y nahua.


Marichuy lució su traje tradicional nahua cuando visitó Tuxpan, de donde es originaria. La acompañan la concejalas del CNI. Foto por Adolfo Vladimir/Cuartoscuro.com

La señora María del Rosario Chávez, comadre de la activista, llevó al evento la “cuadrilla” de niñas y niños sonajeros. En su infancia, Marichuy fue la primera niña en atreverse a ser sonajera en Tuxpan, pues antes solo participaban varones, le contó una vez al escritor Juan Villoro. Entonces aprendió a escondidas los pasos por su cuenta, sin temer mostrarse ante su gente. Ahora ella es la madrina de la “cuadrilla” infantil que bailó esa noche en su honor.

A la jalisciense le gusta participar en las festividades locales. Es devota y la madrina vitalicia de la imagen de San Sebastián que posee la familia de su comadre. Hay tres esculturas en el pueblo de tamaño humano, y su culto está vinculado a las danza de los sonajeros. El mártir es el patrono contra las enfermedades, y junto al Señor del Perdón, ubicado en la parroquia local, es el salvador de la peste que, según los pobladores, causó gran mortandad en Tuxpan en 1774.

La comadre dice que ambas son amigas desde la infancia. Recuerda que entonces las dos se divertían por las tardes con juegos tradicionales mexicanos: “la calle antes no estaba pavimentada, jugábamos a ‘ Las trais’, a Los encantados, a La víbora de la mar, a brincar la soga”.

Rememora también que desde niña Marichuy era seria con los extraños y alegre y platicadora con los cercanos: “desde chiquilla ha andado en la cosa indígena y le ha gustado ayudar a la gente”.

La sanadora tradicional

El mediodía del 2 de enero Marichuy está dando una conferencia de prensa a medios locales en el patio trasero de su consultorio. La puerta que da a la calle está abierta y el mostrador de la entrada está solo, a su suerte. Merodeo por el lugar. Observo que en el mostrador hay una diversidad de medicamentos herbolarios hechos artesanalmente, cuando en el marco de la puerta aparece una señora de cuerpo recio, con el cabello acicalado, preguntando por Marichuy.

Es doña Antonia Hernández, de 67 años. Se cayó y trae lastimada una mano. Le digo que Marichuy está al fondo, en una conferencia de prensa. Doña Antonia pone cara de extrañeza, ignoraba que su sanadora de cabecera es aspirante a la candidatura presidencial. Va hacia el patio y ve a su masajista rodeada de reporteros, por cierto, hablando muy dueña de sí misma. La señora charla con una muchacha del consultorio y regresa de inmediato.

—Me dijeron que en la tarde está Luisa, pero yo busco a Marichuy, pues con frecuencia me caigo y ella me ha atendido del cuello y de la columna —la mano sana toca su cintura.

—Tengo entendido que ella está por salir de Tuxpan para continuar su gira— sé que planea retirarse tras la conferencia de prensa.

—Voy a ver cuándo hallo a Marichuy, la voy a esperar— resuelve antes de irse.

Tuxpan, además de fiestero, tiene fama de tener sanadores con prestigio en el terreno de la herbolaria, la quiropráctica, los masajes, la homeopatía. Pero Marichuy ha sobresalido en la región, pues además de haber recibido distintos galardones locales, está al frente del programa de medicina tradicional de la principal institución pública de educación superior de Jalisco, la Universidad de Guadalajara. Como parte de ese programa, ella capacita a indígenas de la zona como promotores de medicina tradicional en su Casa de Salud Calli Tecolhuacateca Tochan.

La nahua aprendió de su abuela y de sus tías los saberes antiguos de la curación. Y desde joven incursionó en colectivos de medicina alternativa para ampliar su conocimiento. La homeópata María Elena Cortés detalla que ella y Marichuy estuvieron en uno de estos colectivos a fines de los ochenta, y ahí constató su forma de trabajar en equipo.

“Tiene liderazgo, una forma de hacer una organización, de compartir, de servicio”, apunta.

Marichuy lució feliz en su recorrido por el territorio zapatista, realizado en octubre de 2017. Foto por Heriberto Paredes/VICE News.

En la década de los noventa Marichuy fue sacudida por la insurrección zapatista que cimbró al país en 1994. En Chiapas cientos de indígenas tomaron las armas bajo la coordinación de una comandancia colectiva, y la jefatura militar del Subcomandante Marcos, en exigencia de alimentación, vivienda, educación, trabajo, justicia y paz para todas las etnias del país.

La treintañera rápidamente se integró a una red indígena nacional de apoyo al zapatismo, de la que brotó el CNI en 1996. En ese espacio de lucha Marichuy conoció al abogado Carlos González y se casó con él. A la par de su militancia política, ella y su familia consolidaron en Tuxpan su propia Casa de Salud, privilegiando la atención a personas y poblaciones sin atención médica.

Durante siete años la homeópata María Félix Sánchez la acompañó a ella y a su familia a las visitas que hacían a comunidades marginadas, absorbiendo sus propios gastos, como a la de San Miguel, a la que llegaban tras caminar durante dos horas.

La doctora Félix define a Marichuy como “arriesgada”, y entregada a sus pacientes: “recuerdo a una señora que tenía unas úlceras varicosas en las piernas, muy mala, y ella y su hermana la limpiaban, la curaban con plantas, la vendaban a diario y hubo sanación”.

Sus dotes médicas hacen que Marichuy evalúe la salud política de México. Si el país fuera su paciente, no dudaría en diagnosticarle una enfermedad: “cáncer”. Por lo que le prescribiría un único tratamiento: “que caminemos con decisión junto con otros, desde abajo, porque hay un causante de este mal, y es este sistema”.

La ‘anticandidata’

Cuando Marichuy estuvo en el evento de Tuxpan, frente a su gente, la vi contenta. Su discurso fluyó por 16 minutos, una duración atípica en su caso, pues suele hablar de forma más breve. Pero tanto en Tuxpan, como ante miles de estudiantes universitarios en la capital mexicana, miles de zapatistas en Chiapas, o cientos de escuchas en Nezahualcóyotl, manifestó una templanza peculiar, inusual en los políticos. Con ésta ha camuflado el azoro, cada vez más diluido, ante una exposición pública.

Marichuy recapituló al micrófono su caminar político. Relató que las comunidades integradas al CNI observaron, durante sus más de 20 años de vida, un aumento gradual de conflictos indígenas en el país por tierras, despojos por megaproyectos, empresas contaminando sus ríos, mafias talando sus bosques. Y cómo cuando los pueblos se organizaban para impedirlo, la respuesta fue la represión.

“Había encarcelados, muertos, desaparecidos”, externó. Por eso, explicó, decidieron aprovechar el marco electoral del 2018 como escenario de denuncia. La luchadora enfatiza que no busca el poder presidencial, sino demostrar que hay otra forma de hacer política: con una organización colectiva y horizontal, construida desde las bases.


Marichuy se reunió con mujeres de Atenco, que forman parte del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, durante su visita al Nezahualcóyotl. Foto por Heriberto Paredes/VICE News.

La nahua es la ‘anticandidata’ de las elecciones mexicanas de 2018: es la única que manifiesta un discurso anticapitalista, indígena y feminista, en defensa de los derechos de la diversidad sexual, y de las personas con discapacidad, y la única que rechazó el financiamiento oficial del Instituto Nacional Electoral (INE) por considerar corrompido al sistema de partidos.

Marichuy ha denunciado a su vez que el INE estableció criterios tecnológicos clasistas y racistas para registrar las firmas solicitadas, pues el proceso solo puede hacerse con equipos de telefonía que tienen un valor promedio de 5.000 pesos (unos 270 dólares), y a través de la señal de internet, lo que excluye a diversas comunidades indígenas pauperizadas.

Pone el ejemplo de Tuxpan, poseedora de infraestructura urbana. Sin embargo, solo tres personas en su equipo cuentan con un teléfono con las características solicitadas.

La jalisciense le ganó una batalla al INE, pues éste aprobó el registro de firmas en papel en 242 municipios de marginación extrema, pero solo en tres de los 36 estados del país.

La líder indígena cuenta al momento con 177.833 firmas, el 20.5 por ciento del total solicitado. Y el cierre dado por el INE vence el 19 de febrero, por lo que ella inició una campaña para enrolar a 2.000 auxiliares con el fin de que cada uno reúna 500 firmas. Pretende así remontar su rezago.

La vocera

Marichuy reitera en sus discursos que ella no es “candidata”, sino la vocera del CNI, rechazando así el culto al personalismo y reivindicando el espíritu colectivo del movimiento que representa.

En su travesía nacional ha sido acompañada por concejales del Concejo de Gobierno (CIG), que es la instancia de representación del CNI conformada por 157 mujeres y hombres de 63 regiones indígenas del país, hablantes de 39 lenguas originarias.

El CIG eligió a Marichuy en asamblea por sobre otras candidatas que eran vistas como mejores oradoras, pero que no contaban con su trayectoria o capacidad de liderazgo. Una de las concejalas, Micaela Vicente Romero, cuya comunidad nahua de Zacualpan, en Colima, se opone al funcionamiento de una mina, dice que Marichuy “es sencilla, de carácter fuerte”.

Ambas mujeres conforman la retícula de resistencias del CNI que está en contra de mega proyectos de corporativos o del gobierno, amparados por leyes constitucionales como la energética, la minera, la de aguas, y que atropellan el derecho de las comunidades indígenas a la información y a la consulta.

Marichuy ha apoyado con entusiasmo al EZLN desde su irrupción en 1994. Aquí la rodean mujeres zapatistas durante su gira. Foto por Heriberto Paredes/VICE News.

Marichuy dice que cada comunidad que visita asume por cuenta propia los gastos de su traslado y de la logística del acto político. En estos, ella da un panorama general del drama territorial comunal, y luego da voz a las personas del CIG para que expongan sus casos.

Su campaña es apoyada por una diversidad de artistas e intelectuales, como el escritor Juan Villoro, que han conformado en su beneficio la asociación civil Es la hora del despertar de los pueblos.

En esta última fase de su campaña, Marichuy ha reiterado la importancia de reunir el mayor número de firmas para fortalecer esa retícula de lucha, pues aunque no quede en la boleta, el avasallamiento de sus territorios está en curso.

Por esa razón, la nahua comenta que están planteándose si tienden puentes a pueblos indígenas que tengan militancia partidista, pero que comparten conflictos por despojo o contaminación de sus territorios. “Son finalmente comunidades hermanas”, considera.

Marichuy proseguirá su recorrido por el país buscando tender otros puentes a distintos sectores. Por el trayecto que tiene por delante, la sanadora ya se hizo a la idea de continuar en la escena pública.

“Los reflectores no me gustan mucho”, se resigna, “pero lo que me gusta es ver que hay esperanza, y que aunque somos pocos, estamos claros, y digo: poquitos de aquí y de allá, vamos a ir siendo más”.

Su agenda de enero incluye visitar Sonora, Sinaloa, Nayarit y Guerrero, entre otros estados.

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Fotografía: Adolfo Vladimir/Cuartoscuro.com

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