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María Jesús Comellas: “Hay que enseñar a manejar el riesgo”.

Por: EducActívate. 16/05/2017

Ha publicado un libro llamado Educar no es tan difícil como creemos. ¿De verdad no lo es?

Creo que no. Estamos dando una imagen a las generaciones jóvenes de que tener criaturas es una cosa extraordinariamente complicada y nos ponemos delante de ellos con una fragilidad con la que difícilmente les transmitimos seguridad.

¿Y cómo debemos educar entonces?

Una de las ideas que intento que sean recurrentes en el libro es que las personas adultas deben acompañar a estas criaturas en la adaptación a la vida, en la toma de decisiones. Cada cual con la edad que le corresponde.

¿Están los niños y jóvenes sobreprotegidos?

Excesivamente, les sobreprotegemos de tal manera que no les dejamos crecer.. La principal razón son los miedos adultos. Miedo de que no atropellen a la criatura, no le hagan daño, etcétera. Es cierto que hay riesgos, pero en lugar de preparar mejor a las criaturas lo que hacemos es arroparlas y dejarlas dentro de una burbuja. Y les transmitimos miedo, desazón y desconfianza.

¿Qué consecuencias puede desencadenar esta sobreprotección?

Hay muchas más consecuencias de las que creemos. A menudo, cuando hacemos una mirada retrospectiva siempre encontramos, en el fondo, el factor falta de autonomía y exceso de sobreprotección.

¿Y cómo se genera esta situación?

Cuando la criatura tiene un par de años ya dice “yo soy mayor y puedo solo”. A los 4 o 5 años esas ansias de demostrar que puede solo ya se le pasaron y se deja ayudar. A los 8 años, “tú me lo haces”. Y a los 12, eres tú el culpable porque no lo has previsto.

¿Cómo podemos fomentar esta autonomía y promover la responsabilidad en los más pequeños?

Las familias deben ver que las criaturas quieren crecer, que el “riesgo cero” no existe y que lo que hay que hacer es enseñar a manejar el riesgo. Entonces, según las edades, hay muchas situaciones que el día a día nos ofrece. Es evidente que a los 4 años es un riesgo exagerado darle un cuchillo de punta, pero lo que no tiene sentido es que a los 12 años dejemos una reunión porque el adolescente tiene hambre. Entonces, aparte de participar en el colectivo, haciendo la compra, el reciclaje de residuos o lo que sea, deben ir asumiendo sus propias responsabilidades, como preparar su mochila.

¿Por qué resulta tan difícil dar esa responsabilidad a los niños?

Los adultos pensamos que no tenemos tiempo y que lo hacemos con más eficacia y más rápido. Pero si repartes responsabilidades, ganas tiempo porque no tienes que hacerlo tú todo. Y además es trampa decir que tú tienes más eficacia porque hace años que lo haces. Por tanto, deja espacio, y verás que a los 15 años tiene la misma eficacia que tú.

¿Cree que es necesario educar en la prevención de la violencia escolar?

Hay que educar, evidentemente, en las relaciones afectivas y de colaboración con los demás. El momento en que la criatura no soporta el fracaso y tiene que ser eficaz en todo, cualquier otra que pueda frenarle este espacio personal es rechazada.

¿Y cómo lo hacemos?

Hay que potenciar al máximo unas relaciones cambiantes entre el grupo que vayan haciendo emerger todo lo bueno que tiene cada persona y creen espacios de pertenencia. Entonces las dificultades relacionales disminuyen drásticamente. Como se ve, sí que se puede educar, y de hecho es imprescindible. No con el castigo, sino con una actuación cotidiana.

Este es un concepto que también aparece en su libro, donde afirma que no se deben utilizar los castigos, pero tampoco los premios, ¿qué se debe hacer entonces cuando existe una conducta disruptiva en clase?

La primera cosa que hago cuando hay una conducta que no es la apropiada es pensar qué hago yo como adulta. Cómo me relaciono yo con todo el grupo y con el individuo concreto. Muchas veces las criaturas que tienen estas conductas tratan de llamar la atención.

Pero, ¿cómo se educa sin castigar?

La sociedad punitiva no es educativa. La conducta punitiva del adulto lo que hace es contener y reprimir. Lo que no quiere decir que se deba dejar hacer a cualquiera lo que quiera. Eso tampoco es educativo. Ni para el sujeto ni para el grupo. Lo ideal es hablar del bien común, del clima del grupo y de unas pautas de relación que deben ser respetuosas para todos.

¿Y cómo se puede evitar consentir a los menores sin castigos?

Lo que es importante, desde primeras edades incluso, es que haya consecuencias de las decisiones que toma la persona. Cuando ven unas consecuencias no es la persona adulta la que decide lo que sucede, sino que es su decisión la que no ha contemplado qué es lo que puede pasar.

De esta manera, se sienten parte del proceso.

Eso es. Hay que hacerles partícipes y gestores de una situación de desconcierto que viven como injusta y que magnifican. Y así pueden ir entendiendo lo que se les pide y tomar decisiones alternativas.

Y, para acabar, ¿cree que se mandan muchos deberes a los niños actualmente?

Sí. En la escuela se está magnificando el aprendizaje cognitivo y teórico y se está secuestrando el tiempo familiar. El tiempo que no es escolar debe tener otras oportunidades educativas entre las que, a partir de los 4 o 5 años, debe estar sin duda participar en la organización familiar. O, lógicamente, actividades de complemento formativo y relación social, como deportes o teatro.

¿Son necesarios los deberes?

Lo único que yo aceptaría como complemento de lo escolar pasaría por incorporar el día a día al aula. Alguna cosa de lo que hacen en la escuela, pero que se relacione con el día a día. Que los alumnos y alumnas comprueben que es importante dominar unas ciertas competencias para, por ejemplo, hacer una compra más adecuada o poder tomar mejores decisiones.

Fuente: http://www.educactivate.com/maria-jesus-comellas-hay-que-ensenar-a-manejar-riesgo/

Fotografía: educactívate

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