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Las mujeres en la lucha de independencia de México.

Por: Carlos Márquez. La Izquierda Socialista. 11/03/2018

Cuando hablamos de la independencia mencionamos comúnmente a personajes como Miguel Hidalgo o José María Morelos que con todo merito, se han ganado un lugar en la historia. No debemos olvidar, sin embargo, que son las masas quienes mueven la historia. Sin miles de estos personajes ocultos no podríamos comprender estos grandes acontecimientos. ¿Las mujeres estuvieron ausentes en esta importante lucha? Definitivamente no. Siendo un sector sumamente oprimido, esta revolución las despertó a la vida política y jugaron roles de suma importancia. Son pocos los nombres que recordamos de mujeres de la independencia, la más conocida es Josefa Ortiz, aunque otras mujeres jugarían papeles mucho más destacados que el de la corregidora de Querétaro. La historia no ha hecho suficiente justicia a estas compañeras que se arriesgaron y muchas veces dieron literalmente su vida a la causa de la revolución independentista.

La Colonia y el ejemplo de Sor Juana

La monarquía española estableció un régimen de castas donde tu color de piel y el continente en que naciste determinaban en gran medida tu vida. Valías también de acuerdo a tus propiedades y riquezas. Claro está que fueron los pueblos indígenas, los esclavos provenientes de áfrica, los mestizos, mulatos y derivados a quienes les tocaba la peor parte. La sociedad era dirigida por los europeos (gachupines) que eran una ínfima minoría. Si bien eran las masas populares quienes llevaron la peor parte, los hijos de europeos sólo por el hecho de nacer en América, a quienes se les llamaban criollos, eran relegados a un papel de segundo orden. Las mujeres eran marginadas, pues esta era una sociedad que les consideraba inferiores. Un hombre tenía que pensar y decidir por ellas, se consideraba una pérdida de tiempo que estudiaran.

Un caso muy ilustrativo de las dificultades de las mujeres es el de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, la más grande intelectual de la colonia. Ella nació en el poblado de San Miguel Nepantla (en 1648 o 1651), de la actual Amecameca, Estado de México. Era de una familia criolla, sus padres (que se piensa eran de ascendencia andaluza y vasca) nunca se casaron, por lo que fue hija natural. Uso como el primer apellido el de su madre. Desde pequeña tuvo una enorme sed por aprender, con engaños comenzó a estudiar junto a su hermana cuando apenas tenía 3 años, así descubrió que existía una universidad en el país y quiso ingresar diciendo a su madre que se disfrazaría de hombre. Aprendió náhuatl al entrar en contacto con los esclavos de la hacienda de su abuelo, donde en su biblioteca, accedería a los primeros libros, posteriormente, viajó a la Ciudad de México, muy posiblemente ya en su adolescencia, donde vivió con sus tíos. En ese periodo aprendió latín y ya en su juventud, su desarrollo intelectual la llevó a ingresar a la corte virreinal de Antonio Sebastián de Toledo, donde la virreina, Leonor Carretto, le llegó a tomar mucho aprecio al igual que la posterior Virreina Maria Luisa.

En la corte mostró sus grandes habilidades literarias pero a la larga, en su condición de joven mujer, sólo tenía dos opciones: el matrimonio o el convento, la primera opción la convertía en la práctica en propiedad de su marido donde era casi imposible que mantuviera su actividad literaria pues, una mujer no podía pensar por sí misma. Años más tarde, en su famosa Carta a Sor Filotea reconocería que se hizo religiosa por la total negación que tenía hacia el matrimonio.

Siendo monja podría mantener sus trabajos literarios, así llegó a tener una de las bibliotecas más grandes de la nueva España, de este modo pudo escribir una gran cantidad de poemas y cantos religiosos. Gracias a sus relaciones con la corte, comúnmente amigos suyos le pedían escritos o poemas profanos.

Antes de entrar al convento ya gozaba de fama pero esta, se incrementaba lo cual comenzaba a causarle problemas. El clero era uno de los elementos más reaccionarios y conservadores del estado monárquico español, el Arzobispo Francisco de Aguiar era particularmente conservador, se dice que una mujer en alguna ocasión entró a su palacio, acto seguido ordenó cambiar las baldosas que pisó, a partir de eso amenazó con excomulgar a cualquier mujer que osase entrar.

Cuando regresó a España, la ex virreina Maria Luisa se llevó los escritos de Sor Juana bajo el miedo que fueran quemados. Estando en allá los publicó en un poemario titulado La Inundación Castalida en 1691, un año después fue publicado otro poemario suyo. Su éxito literario luchaba en su contra. Su poesía además era incómoda, eso incrementaba las tenciones entre el arzobispado y Sor Juana, quien ya no contaba con la protección que antes tuvo de la corte.

Esos libros contenían una gran cantidad de escritos profanos y críticas abiertas, que para el clero, eran inadmisibles proviniendo de una mujer, esto desató un conflicto abierto entre Sor Juana y el clero. Muy famosa es la polémica con Sor Filotea, seudónimo que usó el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, pues éste se sentía ofendido porque Sor Juana usara su intelecto para cosas profanas.

Sor Juana, al hacerse monja, hizo voto de obediencia y sucumbió ante la presión del clero, por lo que vendió su preciada biblioteca. Esa no debería haber sido la última batalla, al final de su vida estaba buscando, con ayuda de las monjas de su convento, recuperar sus libros y nunca se desprendió de todos, sin embargo, una epidemia de tifus acabaría con su vida.

Sor Juana, pese a no tener grandes riquezas personales, fue una mujer de la élite novohispana, la subordinación de la sociedad hacia el hombre sólo era una expresión catalizada de la opresión de clases. España fue potencia mundial por un periodo de tiempo, esto se debió a las enormes riquezas obtenidas por sus colonias. En las clases bajas no había ni siquiera posibilidad de que surgiera una Sor Juana, algunas mujeres de élite fueron consiguiendo aprender a leer y otras además a escribir.

Conspiraciones y el inicio de la lucha de independencia

La monarquía española se puso a la cabeza de Europa después de la conquista, las enormes riquezas obtenidas con el saqueo y la explotación, se convirtieron en su contrario pues limitaron su desarrollo, así emergen las ideas revolucionarias de la burguesía con la Ilustración que penetrarían en América. En 1789 las masas irrumpen en la escena en Francia y acaban con la monarquía y el poder económico feudal. Europa retumbaría con la revolución burguesa, pero los ecos de la misma llegaron a América. El Cura de Dolores, Miguel Hidalgo, aprendería a hablar francés que era la lengua de la revolución, pero también hablaría las lenguas indígenas del pueblo.

Las grandes masas estaban sometidas a una feroz explotación, no podían acceder al pensamiento revolucionario de su tiempo. La casta de los criollos, aunque seguían siendo una elite, eran oprimidos, pero tenían más posibilidades para conspirar, conseguir los libros prohibidos de las revoluciones burguesas y serían quienes dirigirían la futura revolución.

Las tertulias fueron comúnmente los espacios de debate y conspiración. La mayoría de estas conspiraciones fueron fracasadas y disueltas con represión. Había mujeres presentes, no siempre participaban en los debates pero estaban enteradas de los planes, cuando las conspiraciones caían en represión, las mujeres jugaban un papel clave. En 1809 una conspiración en Valladolid fue aplastada por detenciones y juicios, cuando esto ocurrió, Carmen Fernández Barrera Amat y Tortosa pudo avisar, muchas veces por medio de otras esposas, a otros conspiradores involucrados para evitar su detención, Pedro Rosales, al ser advertido, llamó a los indios de los alrededores de Valladolid a levantarse en armas. Las esposas e hijas colaboraron como correos, enviando y trayendo mensajes desde las cárceles hasta el frente de batalla.

Famosas eran las tertulias organizadas por María Ignacia Rodríguez de Velasco conocida como la güera Rodríguez, ella fue una mujer ilustrada y libertina. Dos veces enviudó por lo que pudo contraer riqueza personal y una posición acomodada. Eso le permitiría financiar la lucha de independencia, al final de su vida sería amante del ex realista Agustín de Iturbide y jugaría un papel para orillar a la consumación de la independencia.

La conspiración más famosa es la de Querétaro, porque de ahí surgiría el movimiento de masas que daría inicio a la real lucha de independencia. Las reuniones se hacían en casa del Corregidor de Querétaro, cuando fueron descubiertos fue evidente que entre los conspiradores había muchos indecisos y chaqueteros, el propio corregidor colaboró en delatar a implicados para no evidenciar su colaboración. A su esposa, Josefa Ortiz, que tenía más agallas, la encerró bajo llave, pero ella se las ingenió para enviar mensajes a Ignacio Allende antes de que fueran detenidos, ese gesto salvó la situación. El factor subjetivo jugó un papel más que relevante, Hidalgo llamó a las masas en levantarse en armas contra el viejo régimen e inició la insurrección popular.

La insurrección de septiembre de 1810 llevó a la lucha a familias enteras que marcharon junto a Hidalgo y Allende y participaron en las distintas gestas. Si queremos encontrar el papel de las mujeres en la independencia lo encontraremos en acontecimientos como este. Estas mujeres y hombres, que no pertenecían a la elite criolla, pero que entregaron sus vidas a la causa de la independencia y la justicia social, quedarán en su inmensa mayoría en el anonimato, pero sin su participación no se comprendería la abolición de la esclavitud, la eliminación del latifundio en grandes regiones o la independencia misma.

Las mujeres cubrirían el papel de abastecimiento de alimentos de la tropa, de cuidado y cura de los heridos y enfermos, fueron informantes, darían información falsa a los enemigos, serían correos y seductoras de las tropas enemigas, pero, como veremos más adelante, también hubo combatientes en las armas y en las ideas.

El ejército de Hidalgo era una plebe insurrecta poco organizada que iba creciendo, el traer tras de sí a combatientes poco experimentados, mujeres y niños, acarrearía dificultades, basta imaginar lo difícil que fue ir con toda esa plebe entre el desierto de Coahuila en medio del cansancio, hambre y sed, fue así que fueron capturados Hidalgo y Allende, José María Morelos, el continuador de la lucha, construiría un ejército más pequeño pero consistente.

“Los” Guadalupes

La lucha de independencia fue particularmente bien recibida por las mujeres tanto criollas (que estaban más en contacto con la plebe que los hombres), como de las clases bajas.

“Los realistas documentaron abundantes casos de mujeres que simpatizaban con los insurgentes y que lo expresaban de distintos modos, tales como demostrar júbilo por una derrota realista, decir que Hidalgo era santo o asomarse a la calle cuando entraban los insurrectos. Por eso se hicieron sospechosas ante las autoridades y fueron vistas con recelo por sus vecinos”. (Carmen Sauzedo Sarco, Ellas, las que dan de que hablar).

La lucha de Hidalgo catalizó la participación popular de las criollas y los criollos en la lucha. Las mujeres fueron fundamentales. Bajo sus faldas escondían propaganda revolucionaria, como El ilustrador Americano, ayudaban también a su reproducción, se tejió toda una red clandestina que se denominó Los Guadalupes que cubría papeles de espionaje, propaganda clandestina, tráfico de armas y demás apoyos a los insurgentes.

La costumbre suele ser una pesada loza que pesa sobre la mente de las masas, 300 años de dominio feudal pusieron a la mujer en una situación desventajosa, la mayoría de las mujeres que participaron en la lucha de independencia lo hicieron actuando en su entorno tradicional, en una sociedad donde a la mujer no sólo se le consideraba inferior, sino que ni siquiera se le tomaba en cuenta, se puede ver como un paso al frente que se le incluyera como parte de la lucha revolucionaria, aunque hoy mismo podemos ver lo lejos que se estaba de avanzar, en tratarlas como iguales.

Un caso ilustrativo lo vemos en el Semanario Patriótico Americano del 22 de noviembre de 1812, que era publicado por Andrés Quintan Roo, un importante revolucionario independentista, que tuvo como compañera a una de las grandes luchadoras de esa revolución, ahí viene un artículo titulado: “A las damas de México” que inicia con esta frase: “No admiréis de las damas grandes proezas pues que tienen por armas las bellezas” (ver: antorcha.net/index/hemeroteca/semanario/19.pdf).  Donde incitaba a las mujeres a usar sus encantos femeninos para obligar a los realistas a voltear sus armas, es una especie de manual donde se propone qué hacer en distintos casos, por ejemplo el desertar al deseo de hacer de un gachupin tu pareja, decir sí al matrimonio a un prometido pero siempre y cuando se pasara del lado insurgente, etc. Este texto pude parecer, y lo es, incorrecto políticamente pero es una realidad, que las mujeres jugaron un papel en las deserciones de los realistas. Una revolución busca poner todos los medios a su alcance para conseguir sus fines, las mujeres seducían (entiéndase convencer) a los realistas para obtener información de ellos y en algunos casos ganarlos a la causa insurgente, estas eran tareas de enorme peligro donde la libertad y la vida se ponían en juego.

Podemos comentar el caso de Carmen Camacho, quien a soldados realistas los invitaba a un mesón o pulquería a tomar unos tragos y después invitarlos a desertar prometiéndoles un pedazo de tierra del México independiente. Fue denunciada y condenada a muerte por Calleja, su cuerpo colgado tendría el cartelón: “seductora de la tropa”, otro ejemplo lo vemos con María Tomasa Esteves y Sala, quien fue condenada a muerte por la misma causa en 1814 por Agustín de Iturbide, su cabeza fue expuesta en la plaza de Salamanca.

María Luisa Martínez ayudaba como correo, cuando era capturada pagaba una multa y regresaba a ayudar a la causa insurgente una y otra vez, hasta que ya no tuvo dinero para pagar su fianza y fue fusilada. La hermosa María Tomasa Estévez, quien seducía a las tropas de Iturbide, fue fusilada en 1814.

Gertrudis Bocanegra jugaría un papel destacado en toda la red clandestina que se formó en Michoacán en las regiones de Pátzcuaro y Tacámbaro. Esta mujer criolla era capaz de hablar purépecha y conocía otras lenguas indígenas, Gertrudis perdió a su esposo y un hijo en la guerra insurgente, ella conocía las ideas revolucionarias de su tiempo, conoció a Hidalgo desde antes del levantamiento armado de quien obtuvo algunos libros, a pesar de ser capturada y sometida a torturas, ella no delató a ninguno de sus compañeros, lo que se tradujo en su sentencia de muerte y fue ejecutada en la plaza de Pazcuaro y murió haciendo llamados al pueblo a continuar la lucha.

Leona Vicario

Una joven que entraría a Los Guadalupes fue María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández, conocida simplemente como Leona Vicario, siendo criolla, sus padres se esmeraron, contrario a las costumbres de la época, en que Leona tuviera la mejor educación, además de acceder a la literatura tuvo clases de pintura y música. Tras la muerte de sus padres quedó bajo la protección de su tío y, como un caso sumamente excepcional para la época, tenía su propia casa, contigua a la de su tío, donde vivía sola, tenía una vida privilegiada.

El estudiante de leyes Andrés Quintana (que después usaría el apellido Quintana Roo) tenía discusiones con el tío de Leona, eso la llevó a asimilar el pensamiento revolucionario y no dudó, cuando la gesta de Hidalgo, en apoyar la insurgencia y jugaría un papel destacado en Los Guadalupes y financiaría la lucha revolucionaria.

A inicios de 1813, uno de los correos que usaba, Mariano Salazar, fue capturado en el pueblo de Tlalnepantla y con ello Leona Vicario quedó descubierta en sus labores clandestinas revolucionarias, huyó a San Juanico iniciando un peregrinar buscando encontrar el campamento de López Rayón hizo largas caminatas por los montes hasta llegar a Huixquilucan, su tío la encontró y la regresó a la Ciudad de México, solamente para ser capturada dos días después, fue recluida en el convento de Belén, ahí fue procesada y ella no aceptó el indulto ni denunció a sus camaradas, solo dio nombres de dirigentes insurgentes bien identificados y el de su primo Manuel, a quien no le avergonzaba que fuera insurgente, la culparon de infidencia y en un proceso posterior, de dar pábulo a los revolucionarios, llamándoles felices, de incitar a su primo a la rebelión, de traición al rey al tratar de enviar pistolas a los insurrectos, entre otros cargos, en el convento estuvo aislada e incomunicada, pero un comando insurgente de 6 compañeros fue a su rescate, la escondieron por algunos días en casas clandestinas que se habían creado en los barrios de la ciudad, le pusieron harapos, la despeinaron y la llenaron de tizne, subida en una mula escapó con un grupo de supuestos arrieros, esta proeza convirtió a Leona en una figura con reconocimiento popular.

Esta chica privilegiada, acostumbrada a lujos y comodidades, se puso en cuerpo y alma al servicio de la revolución de independencia, ella conocía bien las ideas de la revolución burguesa, había leído Russo y Voltaire. Leona había perdido todo de la noche a la mañana, así llegaría a Oaxaca que había sido liberada por las tropas de Morelos. Se aceptó darle un salario de 500 pesos mensuales pero no pudo cobrarles, aunque consumada la independencia, en compensación se le otorgaría la hacienda de Ocotepec, en los valles de Apan, sin embargo, otras mujeres independentistas acomodadas no correrían con la misma suerte, cuando llega a Oaxaca había una situación de doble poder, Morelos controlaba una gran extensión territorial y había instalado un congreso revolucionario, el de Anáhuac, los parlamentarios a veces no tenían ni que comer y mucho menos había recursos para dar el dinero prometido a Vicario.

En Oaxaca se reencontraría con Andrés Quinta Roo con quien se casaría. Quintana Roo sería destacado parlamentario que llegaría a ser vicepresidente congreso revolucionario, Leona estaría junto a los insurgentes, y jugaría papel destacado en la propaganda revolucionaria en El Ilustrador Americano y El Semanario Patriótico Americanodonde escribía.

Tras caer en desgracia Morelos, en diciembre de 1815, Leona Vicario, junto a Andrés Quintana Roo, tendrían que esconderse entre montes y matas, su primera hija nacería en esas condiciones, dentro de una cueva, fueron años difíciles, donde los grupos insurgentes estaban resistiendo en una guerra que se prolongaba y que ya no contaba con la fuerza ni el apoyo popular de los primeros años, varios insurgentes desertaron en ese periodo. El 14 de marzo de 1818, la pareja y su hija fueron encontrados, Quintana Roo huiría (pues le tocaba una muerte segura), dejando una nota para que no juzgaran a Leona por su actuar, ella fue presa y el miedo a que fuera fusilada llevó a Quintan Roo a pedir el indulto que se les concedió viviendo en la miseria hasta después de la independencia.

Después de consumarse la independencia, Lucas Alamán escribió artículos difamatorios contra Leona Vicario, le acusó de haber huido con su amante Andrés Quintana Roo y que fue el amor su motivación, pero Leona Vicario tenía cabeza propia y respondiendo a las injurias, Leona recordó que ella salió huyendo de una cárcel por su actividad revolucionaria y le dijo:

“Confiese usted, señor Alamán, que no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres: que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los deseos de la gloria y la libertad de la patria no les son unos sentimientos extraños, antes bien, suelen obrar en ellas con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea cual fuere la causa por quien los hacen, son más desinteresados y parece que no buscan más recompensa de ellas, más que la de que sean aceptados”.

Y más adelante continúa:

“Por lo que a mi toca, sé decir que mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas y en este punto he obrado siempre con total independencia, y sin atender a las opiniones que han tenido las personas que he estimado. Me persuado de que así serán todas las mujeres, exceptuando a las muy estupidas y a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases hay también muchísimos hombres” (www.memoriapoliticademexico.org).

Represión realista

El régimen virreinal tenía un fuerte aparato represivo controlado por la iglesia, las casas de las recogidas fueron conventos creados para que prostitutas pudieran abandonar ese trabajo, Leona Vicario sólo es un caso de las recluidas, pero estos conventos se convertirían en verdaderas cárceles usadas contra las insurgentes, muchas de las revolucionarias cayeron presas y fueron juzgadas, torturadas y asesinadas por su actividad revolucionaria, frecuentemente se les cuestionaba su moralidad, eso era doble moral e hipocresía pura, las causas reales de la persecución de estas mujeres era su actividad revolucionaria. La güera Rodríguez fue absuelta y sin cargos porque conocía bien a sus juzgadores y prefirieron dejarla en libertad a que los evidenciara, esa fue una excepción, la mayoría de las mujeres terminaban sufriendo un calvario.

Los realistas muchas veces usaron a las mujeres como rehenes para rendir a los insurgentes. El 29 y 30 de noviembre de 1814, fueron capturadas alrededor de 300 mujeres, en Pénjamo y la hacienda de Barajas, fueron llevadas a Irapuato y Guanajuato, Iturbide mandó a quemar las casas de los simpatizantes de los insurgentes y amenazó con fusilar a las mujeres presas. Iturbide no podía capturar a las guerrillas independentistas y usó este recurso desesperado, ellas eran la red de soporte de la guerrilla (correos, desinformación a los realistas, abastecimiento y alimentación de la guerrilla). Las mujeres fueron maltratadas y vejadas, se les hizo caminar miles de kilómetros mal alimentadas.

Ante las críticas, Iturbide dijo:

“Esta clase de mujeres, en mi concepto, causan a veces mayor mal que algunos de los que andan agavillados, por más que se quieran alegar leyes en favor de este sexo, que si bien debe considerarse por su debilidad para aplicarle la pena, no puede dejarse en libertad para obrar males, y males de tanta gravedad y trascendencia: considérese el poder del sexo bello sobre el corazón del hombre, y esto solo bastará para conocer el bien o el mal que pueden producir” (Pedro Salmerón, Las mujeres de Pénjamo).

Las mujeres de Pénjamo estuvieron encarceladas por dos años, sin que mediara un juicio contra ellas, sin posibilidad de defensa. El cura Antonio Labarrieta, quien fuera amigo de Miguel Hidalgo, defendió a las presas argumentando que como eran mujeres no tenían conciencia de lo que hacían y por tanto debían dejarse en libertad, los realistas decían que eran muy peligrosas porque usaban sus atributos femeninos para seducir a la tropa. Son alegatos muy ilustrativos.

De armas tomar

La toma de la Alhóndiga de Granaditas (1810) fue el centro de la batalla de la toma de Guanajuato en las campañas militares del cura Hidalgo, mucha plebe murió en el intento de la toma, hasta que el Pípila le prendiera fuego. Ahí estuvieron mujeres combatiendo y se sabe que : “Juana Bautista Márquez fue colgada después de su captura en el Puente de Calderón; Brígida Álvarez sufrió dos años de prisión; Rafaela Álvaréz fue presa seis meses, y Dorotea, sin apellido, y La Gabina fueron pasadas por las armas” (Celia del Palacio Montiel, La participación femenina en la independencia de México).

Los insurgentes dirigidos por Ignacio López Rayon (1811), en la toma de Saltillo, se quedaron sin agua para enfriar los cañones. Una mujer a la que conocemos solamente por su mote de La Guanajuateña organizó a otras mujeres y llenaron baldes de su orina para suplir la falta de agua, eso fue clave para ganar la batalla. La Guanajuateña participó en otros combates y moriría en uno de ellos.

Se conoce de varios casos donde las mujeres empuñaron abiertamente las armas. Podríamos mencionar a Ana María y Trinidad Ortega (madre e hija), quienes participaron en la defensa de la hacienda de Cerro Gordo en 1815 y fueron encarceladas. Manuela Paz sería fusilada, junto con el resto de los hombres insurgentes, por participar en la defensa de Huichapan en 1813 en que fueron capturados.

Prisca Marquina Ocampo tenía un esposo llamado Antonio Pineda que además era compañero de lucha. Un realista comunicaba a Félix María Calleja:

“Prisca Marquina le había acompañado en todas sus correrías, prestándose en algunos puntos con sus charrateras y sable, llena de tanta vanidad y orgullo, que amenazó varias veces a algunos sujetos de ese pueblo” (cabezasdeaguila.blogspot.mx).

Cuando el esposo de Prisca fue capturado se opuso a que fuera indultado y éste sería fusilado.

Otra revolucionaria excepcional fue Manuela Molina, a diferencia de la mayoría de las mujeres que hemos mencionado de origen criollo, Manuela era indígena de Taxco, Guerrero. Muy temprano se integró a la insurgencia, levantó una tropa en Texcoco y viajaría cien leguas para conocer a José María Morelos y Pavón a quien le dijo: “Yo moriré con gusto aunque me despedace una bomba en Acapulco” (Celia del Palacio Montiel, La participación femenina en la independencia de México). Dentro del ejército de Morelos sus capacidades le ganaron el respeto y cargo de Capitana, que es como se le conocería, se dice que participó en siete batallas, incluyendo la épica toma de Acapulco, debido a las heridas de su último combate quedaría postrada año y medio hasta que finalmente moriría.

En el sitio de Jaleca, donde los insurgentes eran dirigidos por Nicolás Bravo, la situación se volvió desesperada por la falta de alimentos, había un fuerte peligro de deserciones. Bravo, uno de los soportes de Morelos, decidió sacrificar a un soldado para que el resto de la tropa pudiera comer. Antonia Nava y su amiga Catalina González se ofrecieron para ser sacrificadas. Se dice que Antonia tomó un cuchillo para enterrárselo en el pecho pero fue detenida de inmediato por los insurgentes, este gesto tuvo un efecto moralizante, pues los insurgentes combatieron unidos al día siguiente y junto con ellos, como iguales, lo hicieron Antonia y Catalina. Estas mujeres ganaron un gran respeto y Antonia fue llamada, por sus compañeros de lucha, La Generala.

Manuela Herrera, la benemérita ciudadana, apoyó a esa figura extraordinaria que fue Francisco Javier Mina, el español que vino a América a combatir a la monarquía. Manuela alojó a Mina y prefirió quemar su hacienda antes que sus riquezas sirvieran a los realistas. Ella fue torturada, obligada a caminar entre sus captores por largo tiempo desnuda y en medio de vejaciones antes de ser sacrificada.

María Josefa Martínez, de Orizaba Veracruz, fue viuda del jefe insurgente Miguel Montiel. Además de combatir hacia labores de espionaje, era temida y odiada por los rancheros realistas pues les cobraba tributos para mantener al ejército insurgente.

En 1811 los realistas hicieron un reclutamiento masivo en el poblado de Miahuatlán para combatir la insurgencia independentista, Cayetano Esteva lo describe así:

“El 2 de octubre de 1811 hubo un gran levantamiento popular contra un destacamento de las tropas realistas que estaba en la Cabecera al mando de D. Rafael de la Lanza. Las mujeres se reunieron en la madrugada de ese día en número de más de 150, y armadas de palos, se dirigieron al cuartel para librar a sus maridos, los que iban a ser destinados al ejército del Rey. Llenas, pues, de un ardor varonil se lanzaron con intrépido arrojo, unas sobre la guardia, mientras las otras escalaron las tapias del cuartel y se apoderaron de las armas, poniendo en fuga a la guarnición. Entre las principales figuraron Pioquinta, Cecilia, Ramona y Micaela Bustamante, y una llamada Pascuaza, de la Hacienda de Monjas, Mónica, de San Ildefonso, y otras más del pueblo que reunieron en el paraje de la Pila” (Ángel Christian Luna Alfaro, Las mujeres en Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca).

Su lucha es un gran ejemplo a seguir

La podrida monarquía española se negaba a morir y fueron sanguinarios en la defensa de su régimen, pero éste estaba podrido y finalmente colapsó, la guerra fue cruel. Rafaela López Aguado, la mamá de los hermanos Rayón, decía que prefería la muerte de sus hijos a que se rindieran al enemigo.  Rita Pérez, esposa de Pedro Moreno, perdió a sus hijos en la guerra. Luis, a la edad de 15 años, cayó en combate. Cuando se sumaron a la insurgencia tuvieron que dejar a su hija menor de nombre Guadalupe. Esta fue capturada por los realistas para intentar hacer un intercambio con prisioneros, pero Pedro Moreno ya los había fusilado y la bebe de 2 años se quedó en manos del capitán realista José Brilanti, quien la crio como su hija. Se dieron enormes sacrificios para construir un país independiente y la tarea aún no está terminada.

La independencia fue una auténtica revolución popular. Sacudió a la sociedad y dio a la mujer, relegada un papel, que hoy sea lo más normal que una niña pueda ir a la escuela y aprenda a leer no se puede concebir sin esta lucha que empezó a romper las cadenas. Es verdad que esta revolución no logró romper muchas ataduras mentales y sociales contra la mujer pero fue un gran paso adelante.

Sabemos que este artículo no puede hacer suficiente justicia a estas revolucionarias, cientos de nombres de ellas no fueron mencionados y algunos nunca los conoceremos. Estas heroínas, en su mayoría anónimas, fueron el ejemplo en la revolución liberal y en la revolución mexicana, hoy mismo son fuente de inspiración en nuestra lucha por una sociedad de real libertad e igualdad entre todos los seres humanos sin importar nuestro color de piel, país de nacimiento, sexo o preferencia sexual.

La independencia se consumó, pese a que las tropas insurgentes fueron reducidas a la marginalidad. No fue una revolución triunfante y por eso entendemos que un realista represor de mujeres y de hombres revolucionarios, instaurara un imperio del que se convertiría en emperador, al independizarnos de España.

En los primeros años del México independiente se dio un debate sobre el derecho del voto femenino, que al aplicarlo no podían tomarlo como algo realista, siendo hoy una medida democrática tan básica.

Un triunfo revolucionario hubiera significado un avance mayor en la lucha por la equidad y la emancipación femenina. Una mujer no es inferior que un hombre, eso hoy, rotas de las ataduras monárquicas medievales, lo podemos incluso demostrar científicamente, sin embargo, las condiciones sociales siguen relegando a la mujer, la situación de las mujeres en el México de hoy, es barbárica, todas deberían tener asegurado el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, a pensar y decidir con su propia cabeza, a vivir una vida sin violencia, a un trabajo y estudio digno.  Vivimos en una sociedad que aún no es libre, exenta de explotación y con plena igualdad para las mujeres y hombres, el capitalismo está haciendo que retrocedamos en los avances, que con luchas hemos conseguido en el pasado. Para ello debemos luchar hombres y mujeres por una sociedad igualitaria y justa, sin explotación ni opresión. Un ejemplo que debemos tener muy presente en nuestra mente, es esa heroicidad de la mujer que se levantó a la lucha revolucionaria durante la independencia sin importar tener todo en su contra y se ganó un lugar en la historia que hoy debemos rescatar.

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Fotografía: Clarín

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