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La sociedad aburrida

Por: Adolfo del Ángel Rodríguez. 30/03/2017

Los ninis son un ejemplo de ello. El posmodernismo mal entendido nos ha llevado a creer que criticar lo establecido es “la onda”, que ser contestatario es estar en contra da algo en detrimento del análisis de las situaciones para buscar la mejor manera de enfrentar alguna problemática. En ese mismo sentido nos ha llevado a situaciones que han quitado de su lugar a las jerarquías, a remplazar lo verdaderamente importante por lo urgente, a seguir modas y no ahondar en la sustancia de las cosas, a decantar en una “civilización del espectáculo”, como nos ha llamado Mario Vargas Llosa (Letras Libres, 28 de febrero de 2009), aclarando al respecto:

“¿Qué quiero decir con civilización del espectáculo? La de un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. […] Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias a veces inesperadas. Entre ellas la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo específico de la información, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se alimenta de la chismografía y el escándalo”, sin embargo, aquí quiero adentrarme en esa sociedad aburrida dentro de la civilización del espectáculo, esa sociedad que tiene que inventarse nuevas formas de enfrentar la realidad sin analizar a fondo las consecuencias de su actuar, de brillar en el momento, de desaburrirse, de no tener un plan eficaz y eficiente, de que no haya fines a sus actos.

Al respecto, ha sucedido que hay quienes participan en marchas de protesta, se suman a las causas, del creciente número de veganos, de quienes ahora se suman al feminismo y a mil causas más, buscando desaburrirse. Ojo, no hablo aquí del activismo genuino, informado, consciente de sus actos y con miras a largo plazo, sino de quienes, aprovechando los momentos, se suben al carro de moda para mostrarse, para brillar, para hacerse presentes, abanderando luchas que muchas veces ni entienden.

Al respecto, el chileno Tomás Moulian dice que actualmente ve “una sociedad aburrida. Nos hemos convertido en una sociedad silenciosa, con remedos de participación. Eso hace que el ciudadano se desvirtúe. Nos hemos dejado de preguntar por los asuntos públicos y la discusión sobre la política ha disminuido mucho”, siendo precisamente ese remedo de participación un acto irresponsable de actuación, pues al no ser consciente del papel que se juega se puede apoyar causas injustas o inciertas.

Un ejemplo de la sociedad del aburrimiento es la participación ciudadana en las actividades electorales, y hablo del grueso de la población, quienes no profundizan en los alcances de su participación que han llegado a aceptar el discurso que reza: “ni importa el partido sino la persona”, dejando de lado es aspecto histórico e ideológico, buscando prebendas a corto plazo, sin un mayor análisis de los enfoques con los que se maneja el partido tal o cual, no importando ni derechas ni izquierdas, es decir, lo que importa es el momento y lo que pueda obtener de ello.

Esta situación es preocupante, ya que la consolidación de prácticas democráticas debe basarse en decisiones firmes a largo plazo, a debates profundos de ideologías que conlleven a consensos, a ahondar en prácticas incluyentes, a quitar el velo de la inmediatez a las acciones que se llevan a cabo. Una de las causas de la situación es, sin duda, el exceso de información y la confusión que ello genera, ya que debido a la rapidez con la que fluye hace que su análisis sea somero o que nos hayamos convertido en lectores de encabezados, siendo el Twitter su expresión máxima, por lo que nos situamos en la escala más alta de la sociedad consumista: cada vez sabemos menos de más cosas, por lo que cada vez somos más ignorantes y desinformados que en otras épocas.

Dicha banalidad nos ha llevado al aburrimiento,  a creer que Google nos soluciona la vida y que en Youtube están las respuestas a nuestras grandes preguntas, por lo que no nos preocupamos ni nos ocupamos más de otras cosa que no sea acercarnos a alguna lucha detrás de un monitor para hacernos presentes en este mundo globalizado, de quitarnos un poco el aburrimiento y, de manera fugaz, ser parte de algo, porque los tiempos (como lectores y hacedores de encabezados) no nos da para formalizar un compromiso a largo plazo; al fin de cuentas lo que importa sacudirnos el aburrimiento que permea el momento que vivimos.

Fotografía: laprensa

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