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La Deuda: ¿Por qué debemos tanto?

Por: Jorge Salazar García. 12/10/2017

Tratando de manera muy simple y hasta machista, si usted quiere, compararemos al Estado con un hogar donde el gobierno es la madre quien administra los ingresos aportados por la familia con su trabajo (padre e hijos). Ella se encarga de tener en orden la casa y proporcionar todo lo necesario (techo, vestido y comida) a los proveedores de los recursos económicos. Mediante un acuerdo implícito, quienes trabajan confían el fruto de su esfuerzo cotidiano a la persona que suponen posee las habilidades suficientes para resolver sus requerimientos vitales. Si lo hace bien, seguramente hasta ahorros para emergencias e imprevistos generará. En caso contrario, gastando irresponsablemente más de lo ingresado, probablemente caerá en deuda pidiendo prestado para cubrir el gasto.

Un gobierno es, siguiendo el símil, esa madre a la cual se entrega parte de la riqueza generada por los ciudadanos. El Estado, con esos recursos (impuestos) tiene el deber de crear, mantener y mejorar las condiciones para el desarrollo integral de la población. En las democracias se presume la existencia de un pacto social entre gobernantes y gobernados; por medio de éste, los segundos eligen a quienes conforman el aparato burocrático que administrará la riqueza, depositada a su resguardo, buscando el bienestar general. Hasta aquí el trato parece justo; el problema comienza cuando desde ese aparato  los políticos y burócratas aprovechan su puesto para enriquecerse sin medida. Los hombres del sistema despilfarran el dinero de la gente y luego, para cubrir los boquetes hechos al presupuesto, promulgan leyes a modo, haciendo casi imposible la recuperación de lo robado y el castigo a los rateros. Viven en la impunidad sus latrocinios; inventan inequitativas normas recaudadoras (Alimentos, objetos, herramientas, muebles, viajes, fiestas, ventas, compras, vestido, construcción, peajes, gasolinas, gas, …, etcétera) gravando el consumo básico y hasta por trabajar; al mismo  tiempo se arrogan derechos para adquirir más DEUDA, cuyo costo se deposita en las espaldas de quienes no la autorizaron ni mucho menos derrocharon las contribuciones. Naturalmente, los argumento para justificar mayor endeudamiento son siempre los mismos: obtener recursos para pagar sueldos, crear infraestructura, generar empleos proporcionar seguridad, salud, educación y demás; sin embargo,  el propósito fundamental del endeudamiento es ¡pagar los intereses de la deuda!

En algún punto de la Historia, los gastos superaron a los ingresos y, por temor o vergüenza, los administradores ocultaron las causas reales al pueblo (Invasión, desfalcos, corrupción, ineficiencia, etcétera) y prefirieron acudir a los prestamistas (nacionales y extranjeros) aceptando condiciones de usura, iniciándose un círculo vicioso de vaciamiento nacional: se renegocian mas prestamos tan sólo para cubrir los altos intereses sin reducir sensiblemente al capital.

Hoy México, tiene una deuda total impagable que supera los 9.4 billones de pesos, ¡¡507 mil millones de dólares‼  (casi el 50 % del valor del Producto Interno Bruto)[1] y el adeudo sigue inconteniblemente creciendo. Usted y cada uno de los 120 millones de mexicanos debemos poco más de 78 mil pesos a esos acreedores. Estos señores actuando como verdaderas mafias criminales imponen o quitan a sus títeres nativos por medio de los fraudes electorales (1988, 2006 y 2012) para preservar la esclavitud. Al otorgar nuevos préstamos y legitimar al Tlatoani en turno imponen clausulas restrictivas a la soberanía del Estado (venta de sus riquezas, privatización de servicios, entrega de energéticos, intervención de las pensiones, rescate de bancos y subsidios a las grandes trasnacionales, supresión de aranceles, etcétera).

Con esas directrices, los presidentes emanados del PRI, desde Miguel de la Madrid (1982-1988) y del PAN (Fox y Calderón) han puesto el poder al servicio de una cleptocracia criminal mundial. Desde 1982 hasta nuestros días, los tecnócratas han seguido la misma trágica receta “recomendada” por el departamento del tesoro de los E.U., el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, principalmente, conduciéndonos al despeñadero.

Como la deuda (interna y externa) sigue creciendo; mas pronto de lo pensado, llegará el punto de quiebre que hará absolutamente inviable el sistema depredador y hasta los empresarios (pequeños y medianos, honestos) querrán lanzar al basurero de la Historia a esos mediocres mensajeros de destrucción y muerte. Tenemos una cita con Clío[2] el próximo año: unidos recuperemos el futuro.

P.D. : En un descuido la “tonta inútil” (Margarita Zavala) podría ser la candidata del PRI.

[1] Valor monetario de la producción de todos los bienes y servicios generados en un País durante un año.

[2] Musa griega de la Historia.

Fotografía: arenapublica

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