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Globalizaciones discretas: Hacia una nueva geografía de los intercambios mundiales.

Por: Armelle Choplin / Olivier Pliez. Nueva Sociedad. 12/01/2018

Las grandes transnacionales no son los únicos actores de la globalización. Esta se encarna también en formas menos visibles de intercambio, que se materializan en espacios que suelen considerarse marginales. Este es el caso de los comerciantes árabes que «se hicieron la China». Los modelos de mercado concebidos en las «globalizaciones discretas» se difunden actualmente en todas partes del mundo, tanto en el Norte como en el Sur, siguiendo los pasos de la densificación de los flujos de intercambios.

Si bien las manifestaciones de la globalización son omnipresentes, sus actores y espacios, en cambio, pueden ser discretos. Las rutas del intercambio transnacional, más marítimas que terrestres, viven así desde hace unos 30 años profundas mutaciones. En un extremo de estas rutas se celebra el surgimiento de uno de estos nuevos centros, China, desde donde parten productos manufacturados hacia el conjunto del planeta. En el otro extremo, el «Made in China» es particularmente visible, tras su reciente penetración en el «mercado de los pobres».

Sin embargo, entre los grandes centros de abastecimiento que se multiplicaron en el conjunto del continente asiático y un mercado emergente de alrededor de 2.000 millones de consumidores, las ramificaciones de estas rutas, los centros comerciales que unen, la pluralidad de actores que los dinamizan, los imaginarios que estimulan, los relatos que allí se generan, así como los lugares que los caracterizan, siguen siendo poco conocidos. En este artículo, proponemos analizar formas menos visibles de intercambios que las que suelen considerarse desde el punto de vista de las grandes empresas internacionales o los flujos de mercaderías. Este enfoque implica apartarse de una visión centrada en Occidente y desplazar la mirada hacia espacios considerados marginales, donde se inventan prácticas de intercambio actualmente globales.

Yiwu, emporio mundial para los mayoristas

Yiwu, agosto de 2012. Las noches de verano de esta ciudad china muy conocida por los mayoristas del mundo entero son calurosas y húmedas. En este periodo de Ramadán, la caída de la noche y el cierre de los salones de exposición de productos conducen a los transeúntes, hombres en su mayoría, a las terrazas de algunos de los numerosos cafés y restaurantes del «barrio árabe» de la ciudad para romper allí el ayuno, distenderse, conversar. Son decenas de miles, provenientes del mundo entero, los que vienen aquí cada año, ya que todos saben que los precios son bajos y hay una abundante oferta de pequeños artículos de papelería, decoración, suvenires, joyas… Arcan es uno de esos traders, un intermediario que recibe a los compradores que vienen a Yiwu por unos días. Les ofrece sus servicios para encontrar el producto que buscan en los recovecos de los salones de exposición, los ayuda luego a asegurar la recepción de la mercadería encargada, su correcto embalaje, su cargamento a bordo de contenedores, los trámites aduaneros y su envío hasta el puerto indicado por el comprador.

Son miles los que hacen este trabajo en Yiwu, el mercado mayorista más importante de China. La mayoría trabaja en un contexto familiar y son el relevo local de familias de comerciantes. Algunos se independizaron de ese vínculo demasiado exclusivo para entrar en la escena de los intercambios a escala global. A veces, el éxito nace de un fracaso. Es el caso de Arcan y su hermano. Tras completar sus estudios secundarios en Antioquía, emigraron a Arabia Saudita, trabajaron en el sector de los hidrocarburos durante siete años, ahorraron un pequeño capital y decidieron iniciar su propia actividad, un restaurante, gracias a un préstamo de su patrón. El restaurante no funcionó bien. Se endeudaron. Oyeron hablar de China, de Yiwu, de las oportunidades de ganancia rápida que ofrecía este centro comercial en plena expansión. El hermano mayor de Arcan viajó allí primero para comprar productos, luego se dedicó al trading. Arcan lo siguió y abrió una peluquería, típica pantalla de las actividades de intermediarios, que le permitió enriquecer una agenda de contactos aún modesta. Al igual que su hermano, se casó. Sus esposas, turcas, y sus hijos, aún pequeños, se instalaron en Yiwu, donde permanecerán hasta que los niños tengan edad de ir a la escuela.

Los amigos de Arcan también son traders, como Nasser, libanés, que se encuentra con él en la terraza de un café. Creció en África Central, forma parte de la diáspora libanesa diseminada por el continente y vino a comprar productos para abastecer las tiendas familiares, en Nigeria, Camerún y República Democrática del Congo. En Yiwu, se encontró con otros libaneses de América Latina y amplió así su agenda de contactos, yendo primero a trabajar a Ciudad del Este y luego a San Pablo. Esta diversificación se volvió necesaria por la difícil situación que atraviesan los comerciantes de origen árabe. En efecto, estos se apoyan en redes de abastecimiento basadas en la confianza y el conocimiento mutuo, que se vieron alteradas como consecuencia de la inestabilidad generada por las «primaveras árabes». Sin embargo, Nasser sigue siendo optimista, ya que, según él, la crisis económica que atraviesan los países occidentales los llevará a comprar cada vez más productos de bajo precio, los que se venden en Yiwu.

Nabil, en cambio, es un comprador sudafricano, y su rubro está en plena expansión. De origen indo-musulmán, vende artículos de seguridad para el hogar. Antes compraba en Estados Unidos, pero oyó hablar del lugar predominante de los musulmanes en Yiwu. Tras cambiar de fuente de abastecimiento, «gana en dos años lo que antes ganaba en diez».

Arcan, Nasser y Nabil, quienes se encuentran regularmente en las terrazas de los cafés y restaurantes de Yiwu, son las nuevas figuras de la globalización de los intercambios. Las mercaderías que compran allí son vendidas luego a cientos de millones de consumidores, mayoritariamente en el Sur. Son actores importantes, aunque poco visibles, del llamado mercado de la «base de la pirámide» (base of the pyramid o bop). Este mercado, que durante mucho tiempo fue considerado no rentable y limitado al Sur, es hoy prometedor por su peso demográfico (4.000 millones de personas que ganan menos de 3.000 dólares anuales) y económico (5.000 millones de dólares anuales), y por su flexibilidad (según la Organización Internacional del Trabajo, se trata en más de 70% de una economía informal).

Una nueva geografía de la globalización se perfila. Sus rutas, sus espacios y los vínculos que los sostienen van más allá de la fractura Norte-Sur y reflejan el crecimiento de los intercambios comerciales entre regiones del mundo hasta ahora marginadas en el comercio mundial.

¿De las globalizaciones desde abajo a las globalizaciones discretas?

La distinción entre dos procesos de globalización se impuso alrededor de los años 2000. Se le debe a Alejandro Portes la difusión de la expresión «globalización desde abajo». Portes consideraba entonces que

en respuesta al proceso de globalización, los individuos crearon comunidades que atraviesan las fronteras nacionales y que, en un sentido muy concreto, no se sitúan realmente «ni aquí ni allá», sino aquí y allá al mismo tiempo. Las actividades económicas que sostienen a estas comunidades se basan precisamente en las diferencias en los beneficios creadas por las fronteras. Al respecto, no funcionan de manera distinta de las multinacionales, salvo por el hecho de que surgen «desde abajo» y sus actividades suelen ser informales.

Programáticos, los análisis de Portes alternan en el mismo periodo con las investigaciones realizadas en torno del Mediterráneo por Alain Tarrius, quien contextualiza la «globalización desde abajo», observando en el seno de las poblaciones magrebíes «verdaderas redes de empresarios nómades… [que dan vida a] una economía subterránea de alcance mundial (…) allí donde el Estado (…) no los espera: en territorios que escapan a este y que no sabe administrar». Tanto para Portes como para Tarrius, las comunidades transnacionales son portadoras de esta otra globalización: latinoamericanos, por un lado, magrebíes, por el otro, frente a la región del Norte hacia la cual emigran, eeuu o Europa occidental. A partir de allí, contribuyeron a tejer espacios de circulación densos que combinan una serie de intercambios humanos, materiales, económicos y simbólicos, basados en el control de dos espacios, aquí y allá.

Durante los años 2000, la globalización de las rutas de abastecimiento se fortaleció: en torno del Mediterráneo, investigadores exploraron la ampliación del espacio transnacional hacia el este, donde Estambul (Turquía) y Dubái (Emiratos Árabes Unidos) crecieron como centros comerciales globalizados. Dubái es particularmente emblemática de ese momento en el cual las rutas del comercio mediterráneo, de Oriente Medio, el este africano y Europa oriental convergen y se entrecruzan.

Estos intercambios ya no se limitan como en el pasado a las áreas construidas durante los periodos coloniales y poscoloniales. El pasaje de los contextos regionales (Caribe y México/eeuu; Magreb/Francia) al de la globalización de los intercambios lleva a cuestionar la evolución de los marcos sociales y espaciales del intercambio en términos nuevos.

¿Qué escalas de lectura?

A medida que las rutas comerciales transnacionales se extienden, los factores de esta globalización se diversifican. A partir de los años 1990, la apertura de mercados mundiales tras la caída de la Unión Soviética, la generalización de las reglas del librecambio comercial y el creciente peso de la falsificación favorecieron el intercambio a escala global. El 11 de septiembre de 2001 también tuvo un fuerte impacto, al convertir a China y la India en fuentes regulares de abastecimiento para los comerciantes musulmanes. La amplitud de la crisis económica de 2008, el debilitamiento de los mercados en el Norte, el papel de las diásporas comerciales y la creciente prospección de nuevos mercados de consumo incrementaron estos movimientos Sur/Sur. Más recientemente, las revueltas árabes o las estrategias fronterizas en torno de China, Europa o eeuu, que cierran, abren y reorientan rutas a los empresarios inmigrantes, son también factores que influyen en las modalidades de estos intercambios.

La creciente presencia de China en este mapa global de intercambios transnacionales nada tiene de sorprendente: actores y observadores de la globalización discuten hoy sobre el resurgimiento de las Rutas de la Seda, el crecimiento de «Chináfrica» o incluso el creciente peso de los brics (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) en el seno de la economía mundial. Algunos, como Ben Simpfendorfer, destacan la mutación del contexto geopolítico después del 11 de septiembre para entender cómo un mundo árabe en plena expansión se aparta de Occidente para redescubrir China. Instituciones internacionales como el Banco Mundial ven en la Ruta de la Seda entre el continente africano, China y la India una nueva frontera económica.

En efecto, es una nueva escala de análisis, global, la que se construye. Sin embargo, los Estados siguen siendo importantes actores, que incitan o frenan el desarrollo de los intercambios transnacionales. Así, Gustavo Lins Ribeiro habla de «globalización no hegemónica». No es que sus actores busquen destruir el capitalismo mundial o instaurar alternativas radicales al orden establecido. Es no hegemónica porque sus actividades desafían en todas partes al establishment, ya sea a escala local, nacional, internacional o transnacional. En ese contexto, las lógicas de gobernanza se vuelven más complejas.

Redes y rutas

La idea de rutas de intercambios remite a una noción económica hoy clásica: la «cadena global de valor» que, del abastecimiento de materias primas al consumo, pasando por la producción y la distribución, articula mediante conexiones en red todas las etapas desde la fabricación hasta la venta final de un producto. Sin embargo, un enfoque semejante no siempre es pertinente cuando se trata de analizar «otras economías mundiales» (world’s other economies).

En estos casos, la ruta se vuelve una noción más «flexible», pero que permite también comprender mejor la dimensión reticular de los intercambios en lo que tienen de lábiles, poco visibles, y abre el campo al estudio del seguimiento de los objetos materiales (thing-following studies). Se analiza entonces un tramo de la cadena o bien su conjunto, eligiendo un objeto banal, como las camisetas, las ojotas, seguidas desde los lugares de extracción de las materias primas hasta los consumidores, o los jeans, de los mercados de transacción a los mercados locales. «Siguiendo la ruta», se pueden comprender de manera más precisa las interacciones entre varios lugares con funciones bien definidas (cultivo, confección, negocio) que permiten a un mercado crearse y perpetuarse a escala mundial. Se pueden también deconstruir clisés (el Norte frente al Sur, del productor al consumidor…) y arrojar luz sobre «una compleja cadena de actores involucrados en un enfoque alternativo de las economías del reciclaje».

La urbanización subalterna, caldo de cultivo de esas globalizaciones que no se ven

Las investigaciones sobre las «ciudades globales» generaron una mirada occidental sesgada que durante mucho tiempo excluyó a las ciudades del Sur de las investigaciones sobre las redes mundiales del intercambio. Ahora bien, lejos de Nueva York, Tokio y París, esta globalización discreta se basa en una serie de ciudades más o menos (des)conocidas. Shanghái, Dubái o Mumbai (Bombay) se convirtieron en lugares ineludibles de esta nueva geografía de los intercambios internacionales, frecuentados por elites, comerciantes e inmigrantes provenientes de los cuatro rincones del planeta y símbolos posmodernos del éxito de algunos países emergentes.

Estas ciudades nos invitan a desoccidentalizar nuestra manera de aprehender el mundo. Más allá de este número restringido de grandes metrópolis que llaman actualmente la atención, rara vez se recuerda, en efecto, que la invisible mayoría de los ciudadanos vive en ciudades secundarias. Definidas por onu-Hábitat como espacios urbanos de 100.000 a 500.000 habitantes, estas ciudades tienden de manera creciente a integrar centros comerciales, generalmente creados por las poblaciones.

Yiwu pero también San Pablo constituyen hoy lugares de innovación en términos de urbanismo comercial. Son verdaderos laboratorios donde se imbrican lógicas plurales, a menudo opuestas unas a otras: «por arriba», las de numerosos actores institucionales, públicos y privados, y «por debajo», las de empresarios transnacionales. Esta función de almacén es desde hace mucho tiempo visible allí donde era casi exclusiva, en ciudades de convergencia como la emblemática Dubái en Emiratos Árabes Unidos, pero también Ciudad del Este en Paraguay o Trípoli entre África del Norte y el Sahel. A 30 kilómetros de Sétif (Argelia), en el cruce de dos rutas, nació en el corazón del complejo de viviendas sociales de El Eulma un «zoco Dubái», mercado mayorista ineludible para muchos minoristas de Argelia, Marruecos y Túnez, pero también para las comunidades argelinas de Europa. El mercado se organiza por tipo de objetos vendidos, que provienen en su mayoría de China. Alrededor, hay edificios en construcción. Otros, recién construidos, permanecen vacíos, como tantas inversiones de dinero y objetos de especulación a largo plazo. En sintonía con las influencias que esta globalización acarrea, nuevas formas arquitectónicas surgen también en las viviendas particulares. Casonas con forma de pagodas chinas aparecieron así en el paisaje urbano y son actualmente símbolo de éxito para estos comerciantes argelinos que «se hicieron la China». Esta función de almacén suele durar solo un tiempo, ya que se construye en un contexto favorable para los intercambios que puede ser cuestionado.

Sin embargo, los modelos de mercado allí concebidos se difunden actualmente en todas partes del mundo, tanto en el Norte como en el Sur, siguiendo los pasos de la densificación de los flujos de intercambios. En Europa, se la encuentra cerca de lugares estratégicos: el mercado cifa (Centro Internacional de Comercio Mayorista Francia-Asia) de Aubervilliers en los suburbios parisinos, que agrupa a más de 250 mayoristas, sobre todo asiáticos, en prêt-à-porter, calzado y accesorios es un claro ejemplo de ello. Se puede establecer un paralelo con Prato, en la periferia de la ciudad de Florencia en Italia, o incluso con Fuenlabrada en las afueras de Madrid, que también son ejemplos de esta nueva generación de mercados mayoristas urbanos que ya no están relegados a las economías periféricas. La inauguración de líneas ferroviarias de transporte de mercaderías entre ciudades europeas y chinas –Chongqing-Duisburgo (2011), Chengdú-Lodz (2012), Zhengzhóu-Hamburgo (2013), Suzhou-Varsovia (2014), Yiwu-Madrid (2014) o incluso Wuhan-Vénissieux Saint-Priest (2016)– dan cuenta del crecimiento de estos intercambios multimodales.

Lábiles e inventivas, las globalizaciones discretas permiten ver de qué manera los intercambios se arraigan actualmente en el espacio. Observar estos centros comerciales en el conjunto del planeta se vuelve una verdadera búsqueda del tesoro. Estos pueden ser tanto salones de venta privada organizados por particulares como almacenes en mercados rurales, tanto malls como centros de exposición de productos de venta al por mayor. Ya sean confidenciales, conocidos por una corporación de comerciantes determinada o situados en los intersticios de las grandes metrópolis, no dejan de ser nodos de redes globales que estructuran el espacio con una intensidad que sorprende por su dimensión y la pluralidad de sus formas.

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