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ESTRÉS LABORAL DOCENTE. METÁFORA 1

Por: Fidel Quiñones Marín. 20/08/2017

 Uno de los impactos silenciados de la reforma laboral en educación en la vida cotidiana de los maestros de educación básica, lo constituye el Estrés Laboral Docente. Riesgo psicosocial no catalogado como enfermedad profesional que origina graves repercusiones en la vida personal, social y laboral de los maestros en servicio.

El primer acercamiento que deseo proponer en este ejercicio intelectual es el análisis de cuatro metáforas que ayudarán a entender cómo se viven (¿se padecen?) y se configuran las algunas situaciones de estrés que son propias del trabajo docente, por tratarse de una actividad que se desarrolla directamente con otros, por tanto obliga al involucramiento personal e implica responsabilidades laborales (reales, simbólicas e imaginarias) con su correspondiente desgaste físico, emocional e intelectual que repercuten en la salud del docente.

1.- Sísifo.

El autor austriaco Siegfried Bernfeld (1925), nos alertaba en su libro “Sísifo o los límites de la educación” acerca de los limitantes (¿barreras?) que el ambiente escolar y social impone a la labor educativa,  y señalaba que era necesario analizar la educabilidad del alumno, la educabilidad del maestro y la educabilidad de la sociedad a través de los sistemas educativos.  Al retomar el mito narraba que Sísifo fue condenado por Zeus a un castigo cruel por toda la eternidad: debía subir una gran piedra hasta una cumbre del inframundo. Pero cada vez que llegaba a la cima, la roca se le escapaba de las manos y rodaba por la ladera hasta abajo. No le quedaba otro remedio que descender y recomenzar su esfuerzo. Esfuerzo nunca vería recompensado. Por su parte, Albert Camus en su ensayo “El mito de Sísifo” lo presenta como la metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre

En la actualidad, equiparando la labor del maestro con el mito de Sísifo, queda representado de la siguiente manera: se realiza una actividad que debe reiniciarse de manera continua, retroceder en los aparentes logros de periodos anteriores (en ocasiones incluso de un día a otro), realizar el esfuerzo por “avanzar” y lograr los aprendizajes esperados, competencias o aprendizajes clave (subir la cuesta), ser supervisados con “los rasgos de la normalidad mínima” y ser sospechosos de no cumplir “éticamente” la labor docente dado que es sujeto de desconfianza por el designio de las propias autoridades educativas (situación que literalmente “se escapa de nuestras manos”, es decir escapa de su control).

En palabras coloquiales el docente, como se relataría en algunos cuentos de la tradición popular mexicana, “carga la peña”, y además se cuestiona ¿por qué ese maestro sigue ahí estancado en ese círculo vicioso? La patria necesita un docente idóneo evaluable en periodos de 4 años, para no embromar el aprendizaje de los ciudadanos del siglo XXI. El maestro mexicano como una versión actual de Sísifo, representa el “eterno trabajador” castigado por desobedecer.

 

Fotografía: pinterest

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