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En las próximas elecciones ¿se respetará el Voto?

Por: Jorge Salazar García. 06/03/2017

Si usted es una persona informada, seguramente su respuesta inmediata a la pregunta del encabezado será un NO rotundo; pero si es un funcionario público del sistema, un fanático sumiso ante el poder o un completo enajenado dirá que SI se respeta. El asunto es de gran importancia porque teóricamente casi 6 millones de veracruzanos (5 671 125) podrán ejercer este derecho (Votar) el domingo 4 de junio próximo y, de seguro, su apreciación de cómo se ha manejado el sufragio influirá en su decisión de participar o no en dicho proceso. Muy probablemente las razones expresadas aquí, al respecto, poco o nada cambien lo anterior y no hay porque rasgarse la vestiduras por eso. El propósito no es llamar a la abstención o promover la participación masiva el día de las elecciones. El objetivo es aportar algo de luz sobre la importancia de respetar esta acción ciudadana bivalente (Derecho y Obligación) establecida en la Constitución (Art. 35; F-I y II), Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LEGIPE); art. 329 al 356) y Código Penal Federal  (Art. 401 al 413) con la que, supuestamente,  se eligen a las personas que ocuparán los puestos públicos en el gobierno.

Delimitaremos en el sentido electoral lo conceptos comprometidos: Voto y Respeto. De este modo evitaremos confusiones semánticas. ¿Qué se entiende por Respeto? Por supuesto, este concepto tiene su base en la Etica y la Moral pero lo circunscribiremos a la definición siguiente:  lo asumiremos como la  “actitud de … guarda(r)  las consideraciones debidas a las personas o cosas” [1] . Por su parte, el voto, en estricto sentido se conceptualiza como la acción de depositar en una urna la “papeleta mediante la cual el votante expresa su opinión” [2].

La importancia que las élites dan a este acto legitimador de su permanencia en el poder está implícita en el Código Penal y la  Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) organismo de la PGR encargado de investigar a quienes violenten (NO RESPETEN) ese Derecho; aunque, como ya sabemos, casi siempre absuelve a los delincuentes por “razones” de Estado, manteniendo los fraudes como una norma institucional. No obstante, estas leyes obligan a los ciudadanos a RESPETAR el VOTO para garantizar, legalidad, certeza, transparencia y equidad en las contiendas electorales.

Ahora haciendo un ejercicio retrospectivo (elección de gobernador) recordemos si algunas de las conductas tipificadas como delitos disminuyeron o no se cometieron; tales, como las contenidas en el artículo 403 del Código Penal Federal sancionadas con multa y prisión de 6 meses a 5 años para quien las realice. Por ejemplo: que personas voten o las dejen votar sin credencial, hacer proselitismo el día de la elección, presionar o inducir a los electores (Fracciones I, II y III); recoger credenciales de votar (F-V); condicionar servicios, comprar o vender el voto (F-VI) y acarrear electores (F-IX).

Seguramente, en aquella elección usted habrá identificado al menos una conducta de las anteriores. Pero si aún no identifica alguna, veamos otras, registradas en el artículo 405 del mismo Código que consisten en instalar, abrir o cerrar  una casilla sin cumplir los tiempo y formas establecidos (prisión de 1-6 años) o aquellas acciones de servidores públicos cuyo objetivo es obligar a los subordinados a votar en un sentido o condicionar el otorgamiento de obras, programas o servicios; o destinar fondos, bienes o servicios al apoyo de un candidato o partido. Estas últimas, a pesar nuestro, se siguen cometiendo (por el imperio de impunidad) a pesar de ser penalizadas con cárcel de 1 a 9 años (Art. 406).

¿Cómo vamos? Hasta este punto de la cuestión y revisado el pasado reciente, debemos preguntarnos si los actores políticos en las elecciones próximas les “guardarán las consideraciones debidas” o viviremos otra contienda de chiquero. Indudablemente, la mayoría de la gente no desea más de lo mismo pero si no se DECIDE a participar en la vida política de su comunidad, esta seguirá como hasta hoy: secuestrada y prostituida por los ladrones que nos gobiernan. Todo el sistema electoral mexicano está podrido y urge transformarlo o cambiarlo en definitiva por otro donde efectivamente se GARANTICE la participación del ciudadano (no sólo de las cúpulas partidarias) en la toma de decisiones para conducir nuestro destino.

[1] Moliner María; “Diccionario del uso del español” Editorial Gredos. Madrid 2007, pág. 2570

[2] Misma obra; pág. 3074

Fotografía: e-veracruz

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