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«En España el talento no se premia. Se premia robar y ser sinvergüenza»

Por: Mar Abad. Yorokobu. 11/07/2016

 

Decía Nietzsche que «existe un puente invisible de un genio a otro» y esa senda es la que construye, realmente, «la verdadera historia de un pueblo». La fuerza ética de una nación se manifiesta en esos genios, a menudo, filósofos y artistas. El artista y filósofo viven más allá del tumulto de la historia contemporánea. Van por delante de su tiempo y «la atención de sus contemporáneos se dirige lentamente hacia ellos».

Los filósofos y artistas representan un «freno de la rueda del tiempo» y «aparecen en las épocas de gran peligro, cuando la rueda gira más veloz». Y «a una determinada altura, todo coincide y se identifica: las ideas del filósofo, las obras del artista y las buenas acciones».

El pensador alemán escribió estas palabras entre 1872 y 1875, y jamás las vio publicadas. Hoy pueden leerse en su libro póstumo El libro del filósofo (editorial Taurus). Una obra de vigencia intacta y actualidad más allá del bien y del mal.

En tiempos turbios, en los que una sociedad parece caminar hacia atrás, surge la necesidad de explicaciones. Incluso de consuelo. Para un ánimo decrépito, el último alivio reside en el arte y la filosofía. En la de hoy y en la perpetua. En la que a menudo ha de volver en un eterno retorno.

En una calle de Madrid de apenas unos pasos hay dos espejos. Es el Callejón del Gato, muy cerca de Sol. En la pared, junto a un bar de bravas, hay dos espejos. Uno convierte al que se mira en un pez globo. Otro le pone patas arriba. Esos cristales llevan ahí más de un siglo. En ellos se fijó Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) y los utilizó para explicar su nueva forma de hacer teatro.

Los espejos devolvían una imagen de «esperpento» y el dramaturgo, en su escritura, intentó hacer lo mismo. Por eso llamó al nuevo género «el esperpento» .Luces de bohemia inauguró la serie y, en sus páginas, aparece una imagen deformada, grotesca, ridícula, monstruosa y caricaturesca de la España de principios del siglo XX.

«Los personajes viven un momento trágico, terrible, pero no son capaces de verlo porque carecen de valores morales. La crítica del autor apunta contra todos –unos y otros– precisamente por esa falta de conciencia ética», escribe su nieto, Joaquín del Valle-Inclán, en la Guía de lectura de la edición de Luces de bohemia de Austral. «La obra no es una propuesta de solución para este estado de cosas. Es más bien un grito de protesta y de denuncia contra una sociedad cuyos valores han desaparecido y que ha convertido el mundo en ‘un esperpento’».

Lo estrafalario, como también lo llamó al principio el poeta y novelista gallego, supuso una nueva forma de mirar unos alrededores dolorosos. Implicó pasar la realidad por un filtro amargo que, al final, la acabó convirtiendo en algo cómico y paródico. En la propia obra, Luces de bohemia, lo explica así:

Max: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.

Don Latino: ¡Estás completamente curda!

Max: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

Don Latino: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!

Max: España es una deformación grotesca de la civilización europea.

Don Latino: ¡Pudiera! Yo me inhibo.

Max: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

Don Latino: Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.

Max: Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

Don Latino: ¿Y dónde está el espejo?

Max: En el fondo del vaso.

Don Latino: ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!

Max: Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

Don Latino: Nos mudaremos al callejón del Gato.

Valle-Inclán dibujó en esta obra una España perdida entre lo ridículo y lo trágico. Un siglo después recurrimos al genio por si, como dijo Nietzsche, estamos otra vez inmersos en una época «de gran peligro». Pasamos algunas de las frases que dicen los personajes de Luces de bohemia por Notegraphy y obtenemos este paisaje.

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Mar Abad: Socia fundadora de Yorokobu y subdirectora de Ling. Junto a Mario Tascón escribió el libroTwittergrafía. El arte de la nueva escritura y es coautora de la guía para los nuevos medios y las redes sociales Escribir en Internet, de Fundéu, y del libro Comunicación Slow. Todo lo que ahí cuenta está basado en hechos reales. Pero, a veces, es mejor la fantasía. Entonces cae algún#instarrelato.

Fuente: http://www.yorokobu.es/luces-de-bohemia/

Fotografía: yorokobu

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