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El grito

Por: Jorge Salazar García. 05/09/2017

 “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre, todos los años, como el día Aniversario

en que se levantó la Voz de la Independencia, y nuestra Santa Libertad”[i]

Ya estamos en el mes patrio; por todas partes se ven preparativos para honrar a quienes se rebelaron contra la sumisión y la esclavitud en 1810. Llegó el momento de rendir culto a los símbolos de la Nación (bandera, escudo e himno). Los mexicanos se aprestan de mil maneras para disfrutar esta singular fiesta de nuestra nacionalidad. Las vinaterías hacen pedidos extras ante el seguro incremento en la demanda de las bebidas “espirituosas”, tequilas y rones sobre todo. Los mercados surten sus estantes con chiles poblanos, tostadas, maíz pozolero y cohetería. Las tiendas y papelerías, se abastecen con  telas rojas , verdes, blancas y de múltiples objetos tricolores. Veremos a miles de compatriotas, excluidos del disfrute de la riqueza de nuestro suelo, vendiendo en las plazas públicas rehiletes, trenzas, sombreros, listones sin faltar las ruidosas matracas, silbatinas, cornetas y bisutería. Los municipios engalanan ya el palacio, la calle y plaza principales con luces y adornos, representando a los Héroes de la Independencia y la campana de Dolores. En algunas comunidades, además de colocar una bandera en lo alto de las casas, repintan sus fachadas de blanco o con colores vivos. A lo ancho y largo de la república y en el extranjero donde hay al menos un mexicano, en estas fechas se reaviva el orgullo de poseer un suelo con Historia e identidad cultural, cuyo clímax es alcanzado durante la noche del “EL GRITO”. Desde el corazón de quienes no viven de la explotación del otro, resurgen los sentimientos de identidad, implícitos en este peculiar evento. La memoria es recuperada a pesar del agringamiento de los nuevos opresores: gobernantes y empresarios vende patrias

Actualmente, el México discriminado sigue buscando los caminos de justica y libertad negados por una sistema mercantilista sin límites. Poco a poco convirtieron a las fiestas patrias en un lucrativo negocio, dador de enorme ganancias y, de paso, han eliminado del Grito las expresiones populares que señalaban a sus victimarios; tales como: ¡muera el mal gobierno! y ¡mueran los gachupines! Ya con su sentido original de rebeldía excluido de este evento, los neoliberales pretenden detener el deseo, en el gobernado, de recuperar lo que pertenece a todos, no sólo a una minoría política rapas,  amante abyecta de los yanquis y la nueva burguesía criolla.

La actitud de profundo respeto observada por la gente antes del secuestro del poder por la tecnocracia educada en el extranjero, ha menguado notablemente. Poco importa si la soberanía por la que se derramó sangre durante la independencia y la invasión norteamericana (1847) permanece o si las condiciones de esclavitud desaparecieron; el significado real de ese Grito, único en el Mundo, se ha cosificado, convirtiéndolo en un simple espectáculo hollywoodense. Convenientemente ($$$) se oculta o desvirtúan las razones de aquella insurrección protagonizada por los antepasados de quienes hoy siguen viviendo en condiciones inhumanas de explotación y  persecución político-militar: ¡55 millones, según cifras oficiales! Fue un ¡ya basta! convocante del espíritu de resistencia incólume de Cuauhtémoc, dirigido al esclavista criollo y castas privilegiadas de aquel entonces.

Buscando rescatar del olvido el sentido originario del GRITO a continuación se exponen, cronológicamente, algunos datos, generalmente desconocidos, sobre este significativo evento nacional.

Anecdotario histórico.

1810: en la madrugada del 16 de septiembre, portando un lienzo de madera con la imagen de la virgen de Guadalupe, después de haber sido repicada la campana por el sacristán llamando al pueblo, el cura Hidalgo lo arenga a la sublevación. En su discurso, según una de las versiones, incluye estas exclamaciones: ¡Viva la virgen de Guadalupe! !Abajo el mal gobierno! dando inicio a la rebelión  “que abrió la puerta a una devastadora guerra… que duró 11 años”[1]

1812: aquella proclama libertaria es emulada por primera vez por Don Ignacio López Rayón, secretario de Hidalgo quién había sido fusilado el 29 de julio 1811.

1813: José María Morelos, lo solemniza en el artículo 23 del documento “Sentimientos de la Nación”.

1814: en la Constitución de Apatzingán es declarado día de fiesta nacional.

1825: el presidente Guadalupe Victoria pide a los ciudadanos conmemorar el 16 de septiembre adornando casas y realiza un desfile militar.

1846:  por primera vez se festeja el 15 de septiembre. Se realiza una serenata en Palacio Nacional y una velada en la Universidad, aunque existe la versión popular de que fue Don Porfirio quién amplio el festejo al 15 por coincidir con su fecha de nacimiento.

1847: se suspende la celebración por la invasión norteamericana que despojó a México más de la mitad de su territorio.

1854: se estrena el Himno Nacional el 15 de septiembre.

1857: la conmemoración toma un carácter  laico, eliminando la expresión referente a la Virgen.

1864: Maximiliano de Habsburgo, trasladándose a Dolores, da el Grito desde la ventana de la casa de Hidalgo. Mientras tanto, en la comarca lagunera,  perseguido y con la República a cuestas, Juárez hacía lo mismo. Guillermo Prieto, a petición de los presentes, dice estas bellas palabras:

“La patria es sentirnos y hacernos dueños, amplios y grandes con nuestro cielo y nuestros campos, con nuestras montañas y nuestros lagos… Decir patria es decir amor y sentir el beso de nuestra madre, las caricias de nuestros hijos y la luz de alma de la mujer que dice: ‘yo te amo’.[2]

1896: Porfirio Díaz transfiere el festejo al zócalo y traslada  la campana de dolores al Palacio Nacional.

1910: El dictador organiza un amplio programa de actividades para celebrar el “Primer Centenario de la Independencia de México” por 50 días. Durante el Grito, Díaz fue repudiado por grupos antirreleccionistas y se cuenta que la campana no sonó cuando el déspota agitó la cuerda después de la arenga. Naturalmente, ese suceso chusco no fue obra de un espíritu chocarrero que enmudeció al metal, sino producto de algún saboteador que cubrió el badajo de la campana con trapos. (imagine usted la risa placentera del vengador anónimo).

1968: el ingeniero Heberto Castillo, en ciudad universitaria, celebra un Grito alterno,  con los estudiantes.

2006: ocurren dos Gritos, uno dado por Fox en Guanajuato y otro celebrado por Alejandro Encinas en el Zócalo.

2007: se realiza doble Grito en el Zócalo; a las 9 pm lo hace el “Presidente Legítimo”, Andrés Manuel López Obrador y a las 11, lo da el usurpador Felipe Calderón.

2008: militarizado el País por Calderón, durante el Grito celebrado en Morelia Michoacán se comete un atentado con granadas, dejando 7 muertos y 132 heridos.

2010: con derroche sin límites, en el monto y opacidad, el “soldadito del pomo” invierte más de 3 mil millones de pesos para celebrar el bicentenario de la Independencia: libros y banderas, se supone, se enviaron a 27 millones de hogares. Tan sólo el costo de los espectáculos organizados para el 15 de septiembre fue de 10 millones por hora, durante siete horas. En el colmo de la tragedia mexicana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia informó que los restos de los héroes patrios expuestos durante el desfile del 16 no correspondían a ellos, sino a huesos de animales , niños y mujeres. ¿Será cierto? ¿o es parte del robo de identidad?

Se omiten las fechas más recientes por ser eventos del dominio público y para no provocar al estómago del lector. Por el momento, el vaciamiento de nuestra identidad continúa con éxito: hoy se admira más al extranjero invasor que a los caudillos quienes, con su sangre, nos legaron el suelo que nos sostiene. Aturdidos y absorbidos por el individualismo ególatra dominante, pocos ven la desgracia de quienes viven en condiciones de esclavitud y de exterminio. A muchos los verá usted ambulando en cruceros, calles y plazas públicas portando montículos de objetos en su cuerpo convertido en mostrador o exhibiéndolos en improvisados anaqueles o cargados sobre ingeniosos artefactos rodantes para ganar dignamente el sustento propio y de su familia. Todos ellos ofrecerán sus productos, perseguidos por los inspectores y  repelidos de los grandes centros comerciales; pero sobre todo expulsados del cobijo amoroso de la Patria.

[1] Taibo II, Paco Ignacio. “El cura Hidalgo” Publicación de la delegación Ixtapalapa y Para leer en libertad A.C. Pag. 9.

[2] Salado Alvarez, Victoriano: “Episodios Nacionales Mexicanos” Tomo VII, La Intervención y el Imperio, página 220. Fondo de Cultura Económica. México. 1984).

[i] Articulo 23º del documento “Sentimiento de la Nación”  expuesto por Don José María Morelos y Pavón en el discurso inaugural de

primer congreso Constituyente reunido en Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813. Fusilado en 22 de  diciembre de 1815.

Fotografía: periodismodelsur

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